Escritura Diaria, 1 de Octubre de 2026

Tal vez uno de los regalos más sencillos que podemos darle a otra persona hoy día es nuestra voluntad de tener un sincero encuentro con él.

Reflexión

Pasamos la mayor parte de nuestros días encontrando a otras personas, desde un saludo pasajero hasta una conversación profunda. Hoy las lecturas bíblicas nos presentan dos encuentros muy diferentes, y un mensaje común.

Job está dentro de un profundo sufrimiento, y lo peor de todo es que nadie lo escucha, ni siquiera Dios. Él está tan desesperado que alguien lo escuche que quiere sus palabras talladas en piedra. Sus tres mejores amigos vienen a acompañarlo. Durante siete días se sientan con él en silencio, que es el único apoyo que le pueden ofrecer. Entonces comienzan a hablar, y en lugar de escucharlo, le explican por qué está sufriendo.  

En el Evangelio de Lucas, Jesús envía setenta y dos discípulos antes que él, dos a dos. Sus instrucciones son claras: ni bolso, ni bolsa, ni sandalias, quédate en una casa y come lo que está puesto delante de ti.

Jesús los está enviando a compartir la vida de otras personas pero sin las cosas que normalmente nos dan control. Ellos dependerán de personas ajenas para el alimento y el refugio. Sí, pueden ofrecer paz, sanación y la buena nueva del reino de Dios, pero no pueden controlar la respuesta que reciberán. Algunos los recibirán positivamente; otros no. Porque llegan sin nada, tendrán que recibir, y recibir es la actitud de alguien que quiere escucharte.

Los amigos de Job llegaron con respuestas que ofrecerle. En lugar de compartir su sufrimiento, trataron de explicarlo, acomodando su dolor al concepto de Dios que ellos tienen.

Frecuentemente, somos capaces de hacer lo mismo. Escuchamos mientras ya hemos pasado a pensar en nuestra respuesta. Ofrecemos consejos antes de entender el problema y nos distraímos de la persona que nos está hablando.

Jesús ofrece un camino diferente: ir suavemente, ofrecer la paz, tomar lo que se da, y hablar cuando llegue el momento, sin tratar de controlar la respuesta.

Hoy, deja que alguien termine una frase, luego haz otra pregunta antes de decir algo propio. Job quería sus palabras talladas en piedra. La mayoría de las personas sólo quieren ser escuchadas.

Tal vez uno de los regalos más sencillos que podemos darle a otra persona hoy día es nuestra voluntad de tener un sincero encuentro con él.

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