Para los pasionistas, el Vía Crucis es más que una tradición de Cuaresma. Es un camino sagrado hacia el corazón del amor sufriente de Cristo.

Al caminar con Jesús hacia el Calvario, recordamos y meditamos sobre su Pasión, elemento central de nuestra espiritualidad y misión. Esta devoción orante nos ayuda a permanecer cerca de quienes sufren hoy, reconociendo a Cristo crucificado en el mundo que nos rodea y fortaleciéndonos con la esperanza de la Resurrección.
Ya sea en la iglesia, al aire libre o en el silencio del corazón, cada experiencia del Vía Crucis es una invitación a encontrarse de nuevo con Cristo.

