Escritura Diaria, 27 de Octubre de 2026

Es la bondad cotidiana, las pequeñas iniciativas, las cosas que pueden pasar desapercibidas, lo que puede contribuir a edificar el reino de Dios.

Reflexión

Hoy, san Pablo nos recuerda el carácter sagrado del amor, del matrimonio y de la vida familiar. Él dice: "Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo." Este versículo nos da la clave para entender todo el pasaje. Compara el amor entre marido y mujer con el amor entre Cristo y su Iglesia. Jesús no amó a la Iglesia sólo con palabras. Mostró su amor al sacrificarse en la cruz. Su amor fue fiel, paciente, indulgente e incondicional.

El amor matrimonial y familiar debe inspirarse en la presencia de Jesús. Cada pareja fiel y fructífera es como un espejo, que refleja el amor de Jesús a la Iglesia. Lo ideal es que las parejas casadas se amen mutuamente como Cristo ama a la Iglesia. Él se entregó por ella para que pudiera florecer. El amor de Dios, cuando está plantado en nuestros corazones, puede transformar nuestras relaciones y nuestras familias.

En el Evangelio de hoy, Jesús dice que el reino de Dios es como una semilla de mostaza. Aunque es una semilla muy pequeña, crece hasta convertirse en un gran arbusto. También compara el reino de Dios con la levadura que una mujer mezcla en harina hasta que toda la masa comienza a subir. Cada uno de estos ejemplos compara algo muy pequeño con lo que puede llegar a ser. El reino de los cielos es así: las cosas muy pequeñas pueden crecer para volverse significativas. Incluso los pequeños actos de servicio pueden crear una apertura para la gracia de Dios.

Jesús nos enseña que las grandes cosas a menudo comienzan con las pequeñas cosas. Es la bondad cotidiana, las pequeñas iniciativas, cosas que pueden pasar desapercibidas, lo que puede contribuir a edificar el reino de Dios. El amor de Dios debe trabajar dentro de nuestros corazones. Cuando permitimos que Dios nos cambie desde dentro, nuestro amor puede crecer como la semilla de mostaza y transformar nuestra vida como levadura en la masa. Pablo hoy nos enseña cómo amar y Jesús nos enseña cómo ese amor crece lentamente, en silencio y con fidelidad.

Señor, gracias por tu fiel amor!

¡Derrama un espíritu de amor desinteresado sobre todos nosotros!

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