
Reflexión
Hay varios mensajes clave encontrados en nuestras lecturas de las escrituras hoy. En la primera lectura de la carta de Pablo a los Efesios, se nos recuerda que ya no somos extrangeros ni forasteros, sino conciudadanos con los santos y miembros del hogar de Dios, que fue construido sobre el fundamento de los Apóstoles y profetas con Cristo Jesús mismo como el último sillar.
En la lectura del evangelio, vemos a Jesús, el último sillar, nombrando a sus doce apóstoles. Todos hemos sido llamados de diferentes maneras a seguir a Jesús, el último sillar. Puede que no conozcamos a cada uno de nuestros hermanos y hermanas que también han sido llamados para predicar la palabra de Dios. Sin embargo, si estamos abiertos a escuchar a nuestros conciudadanos que nos han precedido en la fe, así como a quienes predican y enseñan diariamente entre nosotros, estaremos siguiendo el mandato que Jesús nos dio a cada uno: difundir su mensaje de amor, misericordia y perdón.
En el evangelio de Lucas, leemos que Jesús subió a la montaña para orar, y pasó la entera noche en oración a Dios.
Siempre que sigamos el ejemplo de Jesús cuando se tomó tiempo de su vida ocupada para pasar tiempo en oración y reflexión, nuestra misión como discípulos no solo tendrá éxito, sino que también enriquecerá nuestra vida espiritualmente.
El llamado al discipulado requiere que vivamos una vida de servicio fiel a todo el pueblo de Dios. Hoy, la Iglesia recuerda a los santos Simón y Judas, dos de los doce apóstoles elegidos por Jesús. Fueron entre los primeros obispos y tenían la sagrada responsabilidad de transmitir los sacramentos y las enseñanzas de Jesús a una Iglesia naciente. Simón y Judas viajaron a Persia para predicar el Evangelio y fueron asesinados allí en el año 65. También ministraron en Armenia, Beirut, la Britania romana, Egipto y Samaria. Uno murió por una andanada de flechas, y el otro por crucifixión. La iglesia conmemora a San Simón y San Judas en un solo día de fiesta debido a su antigua asociación en el trabajo misionero compartido y el martirio.
Damos gracias a Simón y Judas y a todos los hombres y mujeres santos cuyas vidas de servicio han fortalecido a los fieles en el pasado. Como discípulos que ministramos en la Iglesia en nuestro tiempo, nos comprometemos a una vida de oración, misericordia y amor para todo el pueblo de Dios.
San Simón y San Judas, pidan por nosotros!





