
Reflexión
Hoy leemos una hermosa parábola narrada por Jesús en el Evangelio. El Señor dice, un padre tenía dos hijos y el padre le dice a uno: mi hijo va a mi viña y trabaja en los viñeros, y él dice "no iré", pero más tarde se arrepiente y va y hace lo que su padre le dice. El padre va al segundo hijo y le dice: hijo mío, "¡ve! a trabajar en mi viñero". Él dice que lo hará, pero no fue. Jesús, en efecto, está hablando de su propia situación. Él sabía qué tipo de gente lo escuchaba. Los fariseos de esa época se creían ser los más justos, y por eso, automáticamente dignos del reino de Dios. Por lo tanto, tenían una actitud de superioridad hacia todos. Jesús les dirige un juicio de los más duros en la Escritura: Los gentiles, las prostitutas y los recaudadores de impuestos irán antes que uds. al reino de Dios.
Lo que la lecturas nos piden hoy, es que tengamos una conversion de corazón. El cristianismo hoy debe ser un movimiento, de un grupo de personas, que conocen la importancia de una conversión del corazón. Sabemos que Mateo, el recaudador de impuestos, el momento que tuvo su encuentro con Jesús, realizó un cambio de toda su vida, y dejó de ser quien era, para asumir una nueva identidad. Otro ejemplo: El ladrón crucificado al lado derecho de Jesús, aunque era un criminal, en el momento de su conversión le pidió al Señor que lo perdonara.
«Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino». Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso». --Lucas 23:42-43

Un cambio de corazón es la manera de lograr lo que anhelamos en la vida. En el libro de Ezequiel, la primera lectura, hay algo muy sorprendente. El justo que abandona el camino del Señor cae en la condena. Pero el pecador que entrega su corazón a Dios será acogido por la justicia del Señor. San Pablo, en la segunda lectura de hoy, profundiza esta verdad. Presenta a Jesús como el ejemplo perfecto de un corazón transformado. "se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo..." Dios no nos está pidiendo que tengamos un corazón perfecto. Él nos está pidiendo que tengamos un corazón dispuesto a cambiar. Cuando una persona se aparta del mal y vuelve a hacer el bien, Dios le tiene una sola bienvenida: "empecemos de nuevo."





