
Reflexión
En nuestro evangelio de hoy, alguien le dice a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia." Jesús no responde directamente. Más bien, Jesús advierte contra la avaricia. La vida no consiste en acumular muchas posesiones. Jesús entonces comparte una parábola del hombre rico que se preguntó: '¿Qué haré, porque no tengo espacio para guardar mi cosecha?' Y construyó otros graneros más grandes. ¿Cuántos de nosotros hemos conocido vecinos que continuamente compran o construyen cosas más grandes y mejores? (Adaptado de Fran Rossi Szpylczyn, "Give us This Day", 21 de octubre de 2024, pág. 218).
Muchos de nosotros medimos nuestro éxito en términos de la cantidad de dólares que hemos ganado, nuestros aumentos salariales, nuestros niveles de productividad y la cantidad de ganancias obtenidas de nuestros negocios. Nuestra cultura hace hincapié en que cuanto más tenemos y más ganamos, más éxito tendremos. "Lo hemos ganado, así que está bien".
En el evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que las riquezas que adquirimos no están separadas de Dios, todo lo que tenemos viene de Dios. Hay una contradicción respecto a acumular riqueza y de donde proviene, viene de Dios. La carta de San Pablo a los Efesios nos da esa percepción: hemos recibido la gracia salvadora de Cristo. Este es el mayor don que Dios nos ha dado. ¿Hemos aceptado la gracia y la misericordia de Dios? ¿La valoramos aún más que nuestras otras adquisiciones?
¿Cuál es nuestro objetivo y enfoque en la vida? Cuando morimos, no podemos llevar nada con nosotros excepto la misericordia y gracia de Dios. Se nos preguntará: ¿hemos vivido como Jesús, compartiendo la herencia del amor con todos los que encontramos? ¿Cuál será nuestra respuesta? (Adaptado de Fran Rossi Szpylczyn, "Give us This Day", 21 de octubre de 2024, pág. 218.)





