7 modos de ejercer la espiritualidad pasionista a las urnas

Mientras los Estados Unidos se preparan para votar en las elecciones intermedias de 2026, la Red de Solidaridad Pasionista invita a los miembros de la Familia Pasionista y a todas las personas de buena voluntad a acercarse a este momento con oración, reflexión y una conciencia bien formada.

Para los pasionistas, nuestro compromiso con el mundo está arraigado en la memoria de la pasión de Jesús. Nuestro carisma nos llama a reconocer el sufrimiento de Cristo en el sufrimiento de las personas y de la creación hoy, y a responder con compasión, solidaridad y esperanza.

Estas reflexiones no se presentan para apoyar u oponer a ningún candidato o partido político, sino como una invitación a considerar cómo el carisma pasionista puede ayudar a formar nuestras conciencias mientras participamos en la vida cívica.

El carisma pasionista no es como una lista de verificación pasiva para la cabina de votación. En cambio, nuestro carisma nos invita a prestar atención: a la dignidad de cada persona, a nuestros vecinos, a las heridas de la creación, a las divisiones dentro de nuestras comunidades y a aquellos cuyo sufrimiento podría pasar inadvertido.

Mientras nos preparamos para votar, te invitamos a reflexionar con nosotros.

1

Comenzar al pie de la cruz

La cruz está en el centro de la espiritualidad pasionista. Nos recuerda que Dios no está distante del sufrimiento humano. En la persona de Jesús crucificado, Dios ha entrado plenamente en el dolor, la injusticia, el miedo y la vulnerabilidad de la experiencia humana.

Por que permanecemos al pie de la cruz, la cruz también nos interpela. No podemos mirar el sufrimiento de Cristo mientras permanecemos indiferentes al sufrimiento que nos rodea.

Mientras nos preparamos para participar en este acto de responsabilidad cívica, podríamos empezar dejando a un lado el argumento o prescindiendo de las etiquetas. Comencemos prestando atención. ¿Dónde vemos sufrimiento en nuestras comunidades? ¿De quién son las experiencias que nos hemos tomado el tiempo para entender? ¿De quién es el sufrimiento que hemos pasado por alto?

Nuestra responsabilidad comienza con observar.

Reflexión:

¿A qué sufrimiento en nuestro mundo se me está invitando a prestar más atención?

2

Recordar que cada persona posee dignidad

La Pasión de Jesucristo nos recuerda que cada vida humana posee un valor incalculable.

Jesús eligió interactuar con personas que estaban enfermas, afligidas, pobres, rechazadas, incomprendidas y empujadas a la periferia de la sociedad. Una y otra vez, restauró a las personas en sus relaciones perdidas y les recordó que eran visibles para él y amadas por él.

Ese mismo reconocimiento de la dignidad humana debería dar forma a la manera en que nos encontramos hoy.

En este tiempo, cuando es fácil tratar a las personas como identidades políticas, desacuerdos o categorías, nuestra fe nos pide ver algo más profundo: una persona humana, creada y amada por Dios.

Esto incluye a personas cuyas vidas y experiencias son muy diferentes de las nuestras.

Reflexión:

En mi vida, ¿cómo debo trabajar para reconocer y proteger la dignidad de las personas cuyas experiencias tal vez no entienda plenamente?

3

Preguntar, "¿Quién es mi prójimo?"

El carisma pasionista nos desafía a pensar más allá de los intereses privados.

Nuestras decisiones rara vez son solo nuestras. Nuestras decisiones afectan a las familias, los vecindarios, las comunidades y las personas que tal vez nunca conozcamos. El discipulado cristiano significa que continuamente ampliamos el círculo de aquellos a quienes estamos dispuestos a reconocer como nuestro "prójimo".

Solidaridad significa que consideramos no sólo nuestras propias necesidades, sino también el bienestar de los demás. Solidaridad insiste en que escuchamos experiencias más allá de las nuestras y reconocemos que las luchas de otra persona no están completamente separadas de todos nosotros.

Cuando discernimos nuestras responsabilidades como ciudadanos, la pregunta "¿Quién es mi vecino?" puede desafiarnos a pensar más allá de los intereses individuales y hacia el bien común.

Reflexión:

¿A quién considero fácilmente mi vecino, y a quién podría Dios estar pidiéndome que incluya en ese círculo de vecinos?

4

Escuchar antes que hablar

Vivimos en una época de profunda división. Las conversaciones políticas pueden convertirse rápidamente en unas riñas, y el desacuerdo puede hacer que simplemente se ignoren las personas antes de realmente escucharlas.

La tradición pasionista nos ofrece otra vía.

Cuando eliges acompañar a alguien en su sufrimiento, tienes que escuchar atentamente a esa persona antes de presumir de dar tus puntos de vista. El acompañamiento requiere humildad, paciencia y la voluntad de absorber la experiencia de otra persona sin responder inmediatamente con nuestros propios puntos de vista.

Es el mismo espíritu que debe guiar nuestra vida cívica.

Escuchar no requiere que abandonemos nuestras convicciones. Nos pide que recordemos que la persona de enfrente es más que una opinión, una etiqueta política o un voto.

Nuestras comunidades necesitan personas capaces de disentir sin desprecio y personas de convicciones que no pierden la compasión.

Reflexión:

Cuando encuentro a alguien con quien no estoy de acuerdo, ¿escucho para entender o solo para responder?

5

Escuchar el grito de la Tierra

El compromiso pasionista con los que sufren se extiende a nuestra relación con la creación.

Las heridas de nuestra casa común están estrechamente vinculadas a la vida de sus pueblos. La calidad del aire que respiramos, el agua que bebemos, la tierra que nos sustenta y el clima que compartimos afectan a todas las comunidades ahora y para las generaciones futuras.

Por lo tanto, el cuidado de la creación no puede separarse del cuidado de los demás.

Nuestra responsabilidad no es simplemente admirar la belleza de la creación, sino reconocer que nuestra tierra es un regalo confiado a nuestro cuidado. Las decisiones que tomemos individual y colectivamente darán forma a lo que dejaremos para aquellos que vengan después de nosotros.

Los pasionistas tienen la obligación de reconocer las heridas infligidas en la creación y a responder no con desesperación, sino con responsabilidad y esperanza.

Reflexión:

¿Cómo reflejan mis decisiones el cuidado de la creación, de mis vecinos y de las generaciones por venir?

6

Creando la paz en un mundo dividido

La paz es más que la ausencia de los conflictos.

La verdadera paz requiere justicia, reconciliación, verdad y una voluntad de verse unos a otros como miembros de la misma familia humana.

Eso puede resultar particularmente difícil durante una temporada de elecciones. Los desacuerdos políticos pueden dividir a familias, comunidades e incluso comunidades religiosas. Sin embargo, nuestra obligación de construir la paz no desaparece cuando el desacuerdo se vuelve difícil.

La cruz nos dice que la violencia y el odio no tienen la última palabra. Como personas formadas por la pasión de Jesús, debemos resistir la tentación de deshumanizarnos unos a otros. En lugar de ello, debemos convertirnos en testigos de otra forma de vivir juntos.

Es tarea comienza en nuestras propias conversaciones, relaciones y comunidades.

Reflexión:

¿Mis palabras y acciones contribuyen a una mayor paz, comprensión y reconciliación?

7

Portar el carisma contigo

Puede que nunca haya una decisión ideal o una respuesta simple esperándonos en la cabina de votación.

El discernimiento nos pide más.

El discernimiento nos pide la oración. Exige informarnos. Quiere que escuchemos. Debemos examinar nuestras conciencias. Requiere que califiquemos la información que poseemos. Tomar en cuenta las experiencias de los demás. Más que todo, recordar a los que sufren.

Para los pasionistas, la memoria de la pasión no es algo reservado a los santuarios, retiros o oración. La memoria de la pasión da forma a cómo respondemos al entorno mundial.

Que nuestra ciudananía sea animada por esa memoria.

Que nos demos cuenta del sufrimiento que nos rodea y de las personas marcadas por el sufrimiento.

Que respetemos la dignidad de todas personas.

Que cuidemos nuestro común hogar.

Que seamos constructores de la paz, y no portadores de la división.

Que sepamos escuchar humildemente.

Que nuestras decisiones sean enraizadas en la compasión, la solidaridad, y la esperanza.

Reflexión:

¿Qué significaría para mí llevar la memoria de la Pasión conmigo en la cabina de votación?

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