
"San Pablo de la Cruz reunió compañeros que viviesen en común para anunciar el evangelio de Cristo a los hombres."
Constitutions 1
Esta cita tomada del comienzo de nuestras constituciones nos recuerda que el evangelio nos exige la vida comunitaria. Compartir y celebrar los dones y talentos de cada uno realza nuestra misión de vivir y proclamar el evangelio.
Hoy, este vínculo comunitario se realiza por hombres y mujeres, religiosos y laicos, que intencionalmente y activamente comparten el carisma pasionista. Esta vida está marcada por la contemplación de la Pasión, una profunda compasión por los que sufren, una vida centrada en el evangelio y la misión de dar esperanza a un mundo roto.
Ya sea religioso/a o laico/a, esta forma de comunidad mantiene viva la memoria de la Pasión, no como un acontecimiento pasado, sino como un poder presente y salvífico en la vida cotidiana.
El vivir en comunidad es el núcleo de nuestra vocación.
La vida comunitaria nos cimenta en la oración, el apoyo mutuo y la misión compartida. Juntos, nos fortalecemos mutuamente para mantener viva la memoria de la pasión de Cristo y servir a los que sufren.
Es en la comunidad donde encontramos el aliento, la responsabilidad y la gracia necesarios para vivir nuestro llamado con fe y compasión.

