El 24 de julio, los pasionistas conmemoramos al Beato Nicéforo Díez Tejerina, CP, y sus veinticinco compañeros mártires de Daimiel, que dieron su vida durante la guerra civil española en lugar de abandonar su fe o su vocación pasionista.

Su martirio no es recordado porque querían ser martirizados, sino porque, ante el odio y la violencia, permanecieron fieles a Cristo.
Una perpétua memoria en la provincia Santa Cruz
Esta conmemoración tiene una conexión especial con los pasionistas de la provincia Santa Cruz. Antes de su ordenación, el P. Nicéforo fue asignado a la parroquia pasionista en Toluca, edo. de México.
Cuando la persecución religiosa obligó a los seminaristas extranjeros a abandonar el país, el joven Nicéforo fue enviado a Chicago en 1914. Allí, completó sus estudios mientras vivía en el antiguo retiro de la Inmaculada Concepción, y fue ordenado sacerdote en Chicago el 17 de junio de 1916.
Años más tarde, regresaría a España, donde finalmente daría su vida como un mártir.
"Moradores del Calvario"
En la década de 1930, los pasionistas en España tuvieron que soportar los asaltos a su libertad y sus vidas durante la Guerra Civil Española. Uno de estos episodios de violencia antirreligiosa tuvo lugar en la ciudad de Daimiel, en la noche del 21 al 22 de julio de 1936.
Mientras hombres armados rodeaban el monasterio, el P. Nicéforo reunió a la joven comunidad pasionista ante el Santísimo Sacramento para lo que sabían que podrían ser sus últimos momentos vivos y juntos.
No ofreció falsas seguridades. En lugar de ello, los encomendó a aquel que ya había pasado por el camino del sufrimiento:
"Getsemaní, éste es nuestro Getsemaní. Conturbada ante la fatídica perspectiva del Calvario, como la de Jesucristo, también nuestra naturaleza, en su parte débil, en su parte flaca, desfallece, se acobarda...Pero Jesús está con nosotros. Yo os voy a dar al que es fortaleza de los débiles....Dentro de pocos momentos, estaremos con Cristo....Moradores del Calvario, ¡ánimo!, ¡a morir por Cristo.!"
Vivir el valor de los mártires
Sus palabras todavía nos hablan hoy. Si bien a pocos de nosotros se nos pedirá que demos nuestras vidas como mártires, todos encontramos momentos en los que la fe es puesta a prueba por el miedo, la incertidumbre o el sufrimiento. El beato Nicéforo nos recuerda que la valentía no es ausencia de miedo, sino confianza en que Cristo permanece con nosotros, incluso en nuestro propio Getsemaní.




