Escritura Diaria, 16 de Septiembre de 2026

Jesús y Pablo no quieren que estemos satisfechos con lo que es. Se nos está pidiendo ser un pueblo valiente.

Reflexión

Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes.

~1 Corinthians 12:31

Con estas palabras, palabras que vienen de lo más profundo del corazón de Pablo, palabras que casi parecen ser una súplica desesperada a un pueblo al que Pablo ama con el amor de un padre y los mira con orgullo y gratitud, comienza la primera lectura de hoy.

La comunidad de fe de Corinto fue el primer verdadero éxito de Pablo como apóstol de los gentiles, no obstante que muchos de ellos fueron considerados la escoria de la sociedad. Solo necesitas leer el primer capítulo de esta carta para saberlo. Allí dice:

Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; o que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios

1 Corintios 1, 26-29

Pablo sabe que la gente a la que predicaba y las personas que respondían a su mensaje del Evangelio eran gente común, y sí, hasta prostitutas y transgresores de leyes, como les recuerda en el capítulo 6. Alguna vez fueron una comunidad ferviente de fe. Pero luego se desviaron. Ahora estas personas estaban viviendo conscientemente un doble estándar, vidas de prácticas ilegales y pecaminosas y aún practicando su fe como si su mal comportamiento no importase. Tal vez pensaron que estaban engañando a Dios, pero no engañamos a Dios. Así que Pablo les recuerda esa verdad muy antigua: Dios no ve como los humanos ven. Sin embargo, Pablo tiene esperanza para los peores infractores, porque dice en 5:6 que todavía hay esperanza de que se salvará su espíritu en el Día del Señor (1 Cor 5,5). Qué maravilloso equilibrio entre una crítica dura del mal comportamiento y una creencia amorosa y compasiva en un Dios de misericordia.

¿Está Pablo hablando con la gente de su época o está hablando con nosotros? ¿Nos está diciendo como individuos y, especialmente, como comunidad: Aspiren a los dones de Dios más excelentes? ¿Estamos satisfechos con vivir en dos mundos tan diferentes entre sí, que nos hemos vuelto impotentes? Nos hemos vuelto ciegos y sordos a las injusticias de nuestra sociedad, a los gritos de los que sufren y de los moribundos, y nos hemos paralizado ante una respuesta cristiana adecuada? Sé que a veces me siento así.to strive eagerly for the greatest spiritual gifts?” Are we content with living in two worlds that are so different from one another, that we have become powerless? Have we become blind and deaf to the injustices of our society, to the cries of the suffering and the dying, and have we become paralyzed to a proper Christian response? I know that I sometimes feel that way.

Es con pasajes como los que tenemos para la misa de hoy: Aspiren a los dones de Dios más excelentes; y la pregunta de Jesús en el evangelio: ¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? — que nos llaman de nuevo al discipulado fiel.strive eagerly for the greatest gifts” and Jesus’ question: “To what shall I compare the people of this generation? What are they like?” that call us back to faithful discipleship.

Jesús y Pablo no quieren que estemos satisfechos con lo que es. Se nos está pidiendo ser un pueblo valiente. Quieren que nos esforcemos a mejorarnos, para vivir mejor, para amar mejor. ¿Cómo, entonces, vamos a amar mejor?

¡Simplemente continúa con la primera lectura para la misa de hoy!

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