Cada año, celebramos la fiesta de San Pablo de la Cruz el 20 de octubre en los Estados Unidos y el 19 de octubre en el calendario universal de la Iglesia.
Mientras honramos a nuestro fundador pasionista, damos gracias por su guía espiritual que sigue ayudándonos a reconocer la presencia de Dios, responder a los demás con compasión y encontrar esperanza en tiempos difíciles.
El amor que se manifiesta al pie de la cruz
En el centro de la espiritualidad de Pablo estaba una profunda conciencia del amor de Dios revelado a nosotros en la pasión de Jesús. En su oración ante el crucifijo, Pablo encontró un amor que entra plenamente en el sufrimiento humano. Dedicó su vida a ayudar a otros a descubrir ese amor invitándolos a meditar la pasión, y animándolos por su predicación y su acompañamiento espiritual.
Esta invitación responde a las preguntas y dudas que sentimos hoy.
¿Dónde está Dios cuando alguien que amamos está sufriendo?
¿Cómo seguimos adelante cuando el futuro parece incierto?
¿Qué le pasa a nuestra fe cuando la vida no se desarrolla como esperábamos?
La Pasión de Jesús es el lugar para plantear esas preguntas en nuestra oración. Jesús conoce de su propia experiencia nuestra tristeza, miedo, rechazo y pérdida. Podemos acercarnos a él con cualquier parte de nuestras vidas, confiando en que somos escuchados y amados incluso cuando las respuestas parecen lentas para aparecer.
La esperanza responde cuando a la vida sufre momentos inesperados
Un diagnóstico médico, una relación rota, la pérdida de un trabajo satisfactorio o la muerte de alguien querido pueden cambiar drásticamente la vida que habíamos esperado. En esos momentos, nuestra esperanza puede ponerse seriamente a prueba.
La espiritualidad que compartió Pablo nos invita a confiar en que Dios permanece cerca. No tenemos que entender todo antes de poder orar. Podemos comenzar con lo que sea que esté en nuestros corazones: tristeza, ira, gratitud o simplemente el deseo de sentirnos menos solos.
La cruz y la resurrección nos recuerdan que el sufrimiento personal no dura para siempre. La esperanza puede comenzar a surgir lentamente, comenzando con la fuerza para enfrentar otro día, desarrollándose a través de la bondad de alguien que se queda a nuestro lado o con nuestro propio coraje para aceptar ayuda. Incluso en la incertidumbre, el amor puede abrir un camino hacia adelante con esperanza.
Dejando que Dios ocupe momentos de mi vida diaria
Pablo, por el ejemplo de su oración, nos recuerda que debemos dejar momentos para escuchar entre las actividades diarias. Nuestros días pueden estar llenos de responsabilidades, mensajes y preocupaciones. Unos momentos de silencio pueden ayudarnos a tomar más conciencia de la presencia de Dios.
Por ejemplo, podríamos reflexionar sobre un pasaje del Evangelio, hablar directa y honestamente con Jesús o hacer una pausa antes de comenzar el día para pedir la bendición de Dios. Podríamos preguntar: ¿A quién le estoy agradecido por el amor que he recibido? ¿Qué cargas llevo que necesito poner en las manos de Dios? ¿A quién puede ayudar mi acercamiento?
Estas pequeñas prácticas pueden contribuir a la calidad de nuestra vida. La oración nos ayuda a responder a los demás con mayor paciencia, a reconocer nuestra necesidad de perdón y a encontrar a otros con un corazón más abierto.
Portadores de la compasión al mundo
Mantener viva la memoria de la pasión de Cristo significa acercarse a las personas que hoy sufren. Significa que percibimos el dolor detrás de una cara conocida, el agotamiento de un cuidador o la soledad de alguien que se siente olvidado.
La compasión puede surgir de las acciones más ordinarias: una llamada telefónica, una invitación a compartir una comida, una conversación tranquila o una oferta de ayuda práctica. La compasión también nos motiva a abordar las condiciones que causan sufrimiento, apoyar a las familias que enfrentan el hambre, defender la dignidad humana y cuidar de la Tierra, nuestro hogar común.
Esta es una espiritualidad que podemos realizar en nuestros hogares, lugares de trabajo, parroquias y barrios. Cada uno de nosotros tiene oportunidades para ayudar que alguien experimente el mismo amor que Pablo compartió por toda su vida.
La invitación que esta fiesta nos ofrece
El camino espiritual que siguió san Pablo de la Cruz continúa hoy en el espíritu de la familia pasionista y a través de todos los que permiten que el amor de Cristo forme sus vidas. Su fiesta nos invita a recibir ese amor más profundamente y encontrar maneras de compartirlo con nuestras acciones.
¿Quién me necesita a su lado? ¿Dónde podría llevar aliento? ¿Qué pequeño acto de compasión es posible hoy?
Mientras honramos a San Pablo de la Cruz, encontremos renovada confianza en el Dios que camina con nosotros. Que nuestra oración nos haga más atentos a los demás y la esperanza que llevamos se convierta en un don que compartimos.
¡Que la Pasión de Jesucristo esté siempre en nuestros corazones!





