
Escritura Diaria, 27 de Mayo de 2026
Todos estamos llamados a unirnos a aquel que no vino para ser servido, sino para servir; cuyo propósito en la vida no fue la autopromoción, sino vaciarse de sí mismo por los demás.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

Todos estamos llamados a unirnos a aquel que no vino para ser servido, sino para servir; cuyo propósito en la vida no fue la autopromoción, sino vaciarse de sí mismo por los demás.

Este Tiempo Ordinario nos invita a reconocer la santidad que nos rodea: en las caras de nuestros hijos jugando a la orilla del agua, al caminar con nuestros amigos por el Paso del Cañón, o al celebrar la vida y la trayectoria de un ser querido fallecido.

Nosotros, los católicos, consideramos la Fiesta de ayer, Pentecostés, como el «nacimiento» de la Iglesia; por ello, hoy (Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia), la «maternidad» de María no es pura devoción, sino una dimensión real de la vida de la Iglesia.

En nuestro calendario litúrgico, la Solemnidad de hoy recibe el mismo grado de importancia que la Navidad y la Pascua. Tan significativo es este día que, de hecho, se nos ofrece una variedad de opciones de lecturas y oraciones litúrgicas para esta Solemnidad.

Que no nos preocupemos por la relación de los demás con Dios ni por las bendiciones que hayan podido recibir. En cambio, preocupémonos por seguir a Jesús, para que la Buena Nueva continúe siendo proclamada.

Hoy, Cristo nos pregunta también a nosotros: “¿Me amas?”. Y la respuesta no se queda en palabras… se encarna en una vida ofrecida.

Jesús ora para que nos unamos como uno solo y no vivamos como individuos aislados. Jesús nos ve como personas creadas, únicas, valiosas e iguales, creadas a imagen y semejanza de Dios.

La pregunta aterradora no es si el mundo odia el Evangelio; Jesús ya nos advirtió que así sería. La pregunta más peligrosa es si hemos aprendido a traicionar el Evangelio precisamente cuando afirmamos estar defendiéndolo.

Sin embargo, ¿con qué frecuencia centramos nuestra atención en las cosas del mundo y ponemos nuestras prioridades en lo temporal, mientras ignoramos lo eterno?

Por lo tanto, no perdamos el ánimo en tiempos de lucha. En su lugar, aferrémonos firmemente al Señor, que ha vencido al mundo.