
Escritura Diaria, 27 de Abril de 2026
Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor.

Jesús vino para dar vida nueva en abundancia. Somos totalmente suyos y, a medida que sigamos reconociendo su voz, podamos seguirlo hacia nuestro hogar celestial.

En nuestra primera lectura, San Pedro exclama con fuerza: «Que en su trato mutuo la humildad esté siempre presente».

Aquello que percibimos como oscuridad y confusión podría ser lo que el Señor está permitiendo para prepararnos a recibir la ayuda que necesitamos para el importante camino que Él ha planeado.

Al contemplar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús, nuestra primera respuesta es la gratitud. Es por la gratitud que acogemos la vida nueva en Cristo.

En medio de esta historia herida, Cristo se nos presenta con una certeza que sostiene el alma: “Yo soy el pan de vida… el que viene a mí no tendrá hambre.” (Juan 6).

Sabemos lo que deberíamos hacer, pero fallamos en cumplir con lo que Dios nos pide. Como bueyes tercos, a menudo permanecemos centrados en nuestros propios intereses en lugar de mostrar paciencia y bondad hacia los demás.

Queremos los beneficios del Profeta, pero sin la incomodidad de su profecía. «Queremos un Jesús que avale nuestras vidas, no uno que las cuestione.»

Hoy somos testigos de eventos milagrosos, como el «Milagro del Sol» en Fátima y los milagros de los apóstoles en los Hechos.

Nadie está verdaderamente perdido cuando el Señor es la brújula de nuestras vidas. Nada puede ahogarnos si nos aferramos a Él.