
Escritura Diaria, 25 de Agosto de 2026
A menudo me pregunto cómo Jesús o el apóstol Pablo podrían revisar su predicación si estuvieran hablando con nosotros que vivimos en nuestra cultura occidental.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

A menudo me pregunto cómo Jesús o el apóstol Pablo podrían revisar su predicación si estuvieran hablando con nosotros que vivimos en nuestra cultura occidental.

En la misa, se nos presenta un salmo para recitar como una respuesta a las lecturas bíblicas.

También nosotros estamos llamados a abrazar el amor que la cruz nos revela y la esperanza que recibimos de la resurrección.

Su “sí” debe convertirse en nuestro sí: sí a la compasión, sí a la dignidad humana, sí a acompañar a quienes viven con miedo y han sido olvidados.

Jesús responde: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente….

Tal vez nos aferramos a nuestra dureza no porque la amemos, sino porque ha sido útil. Nos ayudó a superar algo. Nos mantuvo de pie cuando la ternura parecía un lujo que no podíamos permitirnos.

¿Cómo usamos nuestro poder y nuestra autoridad en relación con los demás? ¿Los utilizamos para cuidar y ayudar a otros?

La verdadera riqueza, como enseña Jesús, se encuentra en descubrir a Dios como nuestro mayor tesoro.

A veces tenemos más miedo de lo que más necesitamos. La felicidad, la paz y la sanación -de hecho, la vida eterna misma- pueden estar justo frente a nosotros, pero en lugar de abrazarlas, nos alejamos con miedo.

Las tres lecturas de la liturgia de hoy nos desafían a abrir nuestras mentes y a ir más allá de los límites dentro de los cuales vive la mayoría de nosotros... ¡los que sean!