
Escritura Diaria, 30 de Abril de 2026
Jesús explica que nadie que sirve es mayor que aquel a quien se sirve, o que ningún mensajero es mayor que quien envía el mensaje.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

Jesús explica que nadie que sirve es mayor que aquel a quien se sirve, o que ningún mensajero es mayor que quien envía el mensaje.

Así como los Apóstoles fueron comisionados para ser luz y llevar el mensaje del Evangelio al mundo, nosotros somos llamados, a través de nuestro Bautismo, a ser luz y la presencia de Cristo para los demás.

Y como la mano del Señor estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe.

Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor.

Jesús vino para dar vida nueva en abundancia. Somos totalmente suyos y, a medida que sigamos reconociendo su voz, podamos seguirlo hacia nuestro hogar celestial.

En nuestra primera lectura, San Pedro exclama con fuerza: «Que en su trato mutuo la humildad esté siempre presente».

Aquello que percibimos como oscuridad y confusión podría ser lo que el Señor está permitiendo para prepararnos a recibir la ayuda que necesitamos para el importante camino que Él ha planeado.

Al contemplar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús, nuestra primera respuesta es la gratitud. Es por la gratitud que acogemos la vida nueva en Cristo.

En medio de esta historia herida, Cristo se nos presenta con una certeza que sostiene el alma: “Yo soy el pan de vida… el que viene a mí no tendrá hambre.” (Juan 6).

Sabemos lo que deberíamos hacer, pero fallamos en cumplir con lo que Dios nos pide. Como bueyes tercos, a menudo permanecemos centrados en nuestros propios intereses en lugar de mostrar paciencia y bondad hacia los demás.