Escritura Diaria, 6 de Octubre de 2026

¿Cómo sería nuestro mundo si bajáramos las pantallas móviles, sacáramos los auriculares, nos alejáramos del televisor y nos concentráramos en el ser humano que tenemos delante?

Reflexión

Durante siglos nuestras comunidades de fe han leído el pasaje de Marta y María en el Evangelio de hoy como un juego de tirar de la cuerda -- activo contra contemplativo. Marta está ocupada haciendo todo el trabajo de cocina para entretener al huesped, Jesús. María está sentada a sus pies escuchándolo. ¿Qué pasa? se pregunta Marta.

Pero hemos confundido este pasaje como un concurso entre vocaciones activas y contemplativas. El especialista en las escrituras, Luke Timothy Johnson, nos pide, en cambio, a leerlo por lo que realmente es: el "otro" que entra en nuestro espacio es un mensajero de la gracia. "La historia... refina la comprensión de la hospitalidad.

La respuesta de Jesús a Marta deja en claro que lo único necesario para la hospitalidad es la atención al huésped, más que una atención doméstica . . 

Jesús cambia el ejemplo de uno de prestar un servicio a recibir un regalo: el "otro" que entra a nuestro espacio es un mensajero de la gracia."

¿Y quién entra en nuestros espacios? No solo un visitante a nuestra puerta. Los que damos por hecho también son mensajeros de la gracia, incluyendo familia, amigos, vecinos, extranjeros e incluso enemigos.

Es común ir a un café, a un restaurante de lujo o incluso a un restaurante McDonald’s y observar a la gente comiendo juntos pero no interactuando. La pantalla móvil en su mano es más importante que el ser humano sentado al otro lado de la mesa.

¿Cómo sería nuestro mundo si bajáramos las pantallas móviles, sacáramos los auriculares, nos alejáramos del televisor y nos concentráramos en el ser humano que tenemos delante?

Los matrimonios serían más cercanos, las familias más alegres, las amistades más estrechas, los solitarios acercados y los enemigos reconciliados.

Todo porque expresamos la gracia en un solo momento.

"¿Cómo te fue en la escuela?"
"Cuéntame lo que pasó en el trabajo."
"¿Cómo puedo ayudarte?"
"¿Cómo te hizo sentir?"
"¿Cómo llegaste a esa conclusión?"

Las preguntas abiertas generan conversación. Y la clave para una buena conversación es escuchar -- lo que María estaba haciendo en presencia de su mensajero de gracia.

Esa persona a tu lado en la sala de espera, en la fila del supermercado o delante de ti en la iglesia es un mensajero de la gracia, una criatura milagrosa de Dios, compartiendo este momento de la historia en nuestro pequeño planeta azul contigo. Prestarles atención con una actitud receptiva, no juzgarlos, escuchar con intención, es un acto radical en un mundo apresurado, un mundo lleno de estimulación, lucro, autosatisfacción y en busca de la belleza; un mundo donde nadie quiere perderse nada fascinante.

Escuchar tan intensamente significa calmarnos conscientemente lo suficiente como para centrarnos por completo en otra persona.

No hablar por encima del otro, no dominar la interacción. Esto no es solo radical; es transformador. La persona que habla se siente aceptada, apreciada y nutrida por ti.

Y también nos transformamos porque nos conectamos con lo que Alan Lightman, en un artículo reciente de la revista "Atlantic," describe como el "milagro ordinario de existir."

Hoy, en nuestra oración, podemos considerar las acciones que nos ayudan a reconocer a otros como mensajeros de la gracia; consideren qué esfuerzo ponemos en prestar atención a quien esté con nosotros en ese momento, mirándolo a los ojos, aferrándonos a cada palabra que diga. Hay más en la vida de una persona que lo que vemos por primera vez. La atención atenta a la persona de la calle o al ser querido transforma al otro y nos transforma en milagros de existencia identificados con Cristo, milagros de amor, lo que Dios quiere que seamos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *