Escritura Diaria, 11, Febrero 2026

lo malo proviene del interior, del corazón, dice Jesús a la multitud. Su punto es que tenemos la responsabilidad de cultivar en el corazón lo que viene de Dios, y no lo que es malvado.

Reflexión

La sabiduría es claramente el tema de las lecturas de hoy. En la primera lectura, de 1 Reyes 10, 1-10, la Reina de Saba, una gobernante rica y poderosa, visitó al rey Salomón en Jerusalén para poner a prueba su sabiduría con preguntas difíciles.

«Es verdad lo que escuché en mi país sobre tus obras y tu sabiduría», le dijo al rey Salomón, «aunque no lo creí hasta que vine y lo vi con mis propios ojos».

Aunque no existe evidencia arqueológica que confirme su existencia, la historia de la Reina de Saba está profundamente arraigada en la Escritura sagrada y en la leyenda. Es conocida en la Biblia hebrea, en el Corán y en las tradiciones etíopes. Junto con el rey Salomón, se presenta como un poderoso símbolo de sabiduría y riqueza.

El Salmo 37 continúa este tema en el salmo responsorial: «Rectas y sabias son las palabras del justo.».

Pero ¿qué tiene que ver el evangelio de hoy con la sabiduria? El evangelio comienza con las palabras de Jesús: «Escúchenme todos y entiendan. No hay nada fuera del hombre que, al entrar en él, pueda contaminarlo; lo que sale del hombre es lo que lo contamina»?

Este es un lenguaje fuerte en una cultura que respeta profundamente y observa las leyes judías sobre los alimentos. La Torá detalla qué alimentos son puros y cuáles impuros. Además, los judíos se distinguen de sus vecinos paganos por la observancia de estas leyes alimentarias.

Entonces, ¿qué tiene que ver este pasaje del evangelio con la sabiduría? Precisamente esto: lo malo proviene del interior, del corazón, dice Jesús a la multitud. Su punto es que tenemos la responsabilidad de cultivar en el corazón lo que viene de Dios, y no lo que es malvado.

La sabiduría en los evangelios siempre nos llama a la introspección y a comprender que el pecado es el epítome del mal, señalando al corazón como la sede tanto de la corrupción como del potencial para la verdadera bondad.

«Escúchenme y entiendan», exhorta Jesús al pueblo. La verdadera santidad nace de una vida interior transformada, no simplemente del cumplimiento de reglas externas.

Casi 500 años antes de Jesús, Sócrates proclamó: «la sabiduría comienza en el asombro». Es la sabiduría la que nos desplaza de una mentalidad de reglas, control y certeza autosatisfecha hacia una actitud de apertura —es decir, de escucha— y hacia la humildad, es decir, estar espiritualmente postrados en un respeto silencioso y reverente. Ahí es donde comienza el asombro.

«Escúchenme y entiendan», nos dice Jesús hoy. Ahí es donde comienza la sabiduría.

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