Escritura Diaria, 28 de Mayo de 2026

Con fe y con los ojos abiertos, caminemos juntos mediante acciones pacíficas para derribar los muros del odio y la injusticia.

Reflexión

«¡Ánimo; levántate, Jesús te llama!». ¡Bartimeo había esperado por mucho tiempo deseando escuchar estas palabras que lo liberaran de su ocuridad! Jesús también nos llama a cada uno a salir de nuestra zona de confort, a quitarnos esos lentes de miedo y prejuicio que nos impiden ver y responder con fe a las necesidades de aquellos que claman por misericordia y amor. ¡Nuestro mundo se encuentra sumido en un profundo dolor y sufrimiento! La guerra y la violencia, el hambre y la pobreza, así como un desprecio general hacia nuestros semejantes, parecen estar infiltrándose en nuestros hogares, nuestras comunidades y nuestro mundo.

Jesús dice:

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

-Juan 8,12

La ceguera física puede ser muy aterradora. Como persona que ha vivido con dificultades visuales desde temprana edad, me preocupan las limitaciones físicas que pueden surgir con el envejecimiento. Al mismo tiempo, confío en las palabras que Jesús promete a sus seguidores —con la fe de que Él será esa luz que nos guíe a lo largo del camino que nos llama a recorrer.

Me parece que la pregunta que tenemos ante nosotros, como personas de fe, es: ¿de qué maneras estamos ciegos al no poder ver el amor de Cristo en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean?

En la primera lectura de hoy se nos recuerda que somos una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo suyo, para que anunciemos las alabanzas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. No podemos ser personas de la luz con los ojos cerrados. No podemos trabajar para aliviar el dolor y el sufrimiento que rodean a nuestro mundo si tenemos los ojos cerrados. Como personas de la luz, estamos llamados a mantenernos listos para ver el rostro de Cristo en todas las personas non obstante las divisiones en las que nos encontramos.

Con fe y con los ojos abiertos, caminemos juntos mediante acciones pacíficas para derribar los muros del odio y la injusticia. Guiados por el poder del Espíritu Santo, asumamos con seriedad nuestra responsabilidad de apoyar a nuestros líderes en la Iglesia, la comunidad y la nación, mientras todos trabajamos unidos para difundir la luz de Cristo. Seamos personas de fe y perseverancia, tal como lo fue Bartimeo, para vivir a la luz de Cristo. Amén.

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