
Reflexión
El “Tiempo Ordinario”
¡El fin de semana pasado celebramos la gran fiesta de Pentecostés! ¡Feliz cumpleaños a la Iglesia! En las próximas semanas celebraremos unas fiestas eucarísticas, pero, en su mayor parte, hemos entrado ya en esa larga estación litúrgica del Tiempo Ordinario. Creo que todos estarán de acuerdo en que, para la mayoría de nosotros, nuestras vidas son cualquier cosa menos ordinarias. Nos encontramos en el umbral del verano: han terminado las clases escolares, se están concretando los planes de vacaciones y la primavera está dando paso a un clima más cálido, a días más largos y a más tiempo para relajarnos y disfrutar de un ritmo de vida más pausado durante los próximos meses.
Mis amigos y yo acabamos de planear un viaje de acampada de tres semanas para este próximo mes de agosto. Pasamos horas estudiando minuciosamente mapas y guías de viaje mientras elaborábamos el itinerario para estas tan anheladas vacaciones. Nos divertimos mucho, aunque a veces nos frustramos cuando los lugares que queríamos visitar iban a estar cerrados o llenos. Nos alegramos cuando, en algunas ocasiones, logramos conseguir las últimas plazas para una excursión en barco o un paseo en góndola. Varias veces tuvimos que apartarnos de la planificación, salir a dar un paseo, disfrutar de un helado o relajarnos en el jacuzzi para despejarnos. La emoción del viaje comenzaba a apoderarse de nosotros. Al final de la semana —con la planificación terminada, las reservas hechas y los depósitos enviados— regresamos a nuestras vidas cotidianas para aguardar las aventuras que nos deparan los próximos meses.
Las lecturas de hoy nos ofrecen algunas ideas sobre cómo aprovechar al máximo este tiempo del año litúrgico, conocido como Tiempo Ordinario.
Siendo los seres humanos ordinarios que somos —y tratando de transitar la vida a un ritmo vertiginoso—, debemos prestar atención al crecimiento de nuestra vida espiritual, incluso en medio de la planificación de nuestras vacaciones.

Siendo los seres humanos ordinarios que somos —y tratando de transitar la vida a un ritmo vertiginoso—, debemos prestar atención al crecimiento de nuestra vida espiritual, incluso en medio de la planificación de nuestras vacaciones. En la Primera Carta de Pedro, se nos llama a «ser santos, tal como Él es santo». En el Evangelio, Jesús reitera que aquellos de nosotros que aceptamos el desafío —y el don— de ser creyentes en Cristo, y que perseveramos a través de los altibajos que la vida nos presenta, seremos recompensados al final.
Este Tiempo Ordinario nos invita a reconocer la santidad que nos rodea: en las caras de nuestros hijos jugando a la orilla del agua, al caminar con nuestros amigos por el Paso del Cañón, o al celebrar la vida y la trayectoria de un ser querido fallecido. Que este Tiempo Ordinario nos permita celebrar nuestra propia santidad y reconocer lo sagrado tanto en aquellos a quienes amamos, como en aquellos a quienes nos resulta difícil amar. ¡Que tengan un verano seguro y bendecido y que, juntos, celebremos lo ordinario de maneras extraordinarias!





