Escritura Diaria, 5 de Julio de 2026

Él es Emanuel, "Dios con nosotros", que ha venido a compartir todo lo que debemos soportar como criaturas en esta Tierra.

Reflexión

El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados.

– Salmo 145:14

Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.

-Mateo 11:30

El Evangelio de hoy es otro ejemplo en el que la audiencia original entendió el mayor contexto al escuchar este mensaje que nosotros hoy en día. Me imagino que la mayoría de nosotros pensamos en el yugo ofrecido como una carga individual que debemos llevar, aunque Jesús nos asegura que su yugo es suave y su carga es ligera. Y, sin embargo, honestamente, ¿quién realmente quiere más cargas, incluso si vienen de Jesús?  ¿No nos encontramos la mayoría de nosotros orando a Jesús para que cargue menos en nuestras vidas diarias?

Pero el pueblo habría sabido que la palabra griega para yugo implica una unión o equilibrio de una carga. Estarían familiarizados con la práctica de unir un buey más fuerte con uno que fuera más débil y todavía estuviera aprendiendo a tirar. Tendrían conocimiento de que la fuerza de dos bueyes que se juntaban era triple, no sólo el doble de la de uno que tiraba solo. Oirían las palabras detrás de la invitación de Jesús a asumir otra carga: “Venga, comparta sus cargas conmigo. Voy a tirar cuando tu no tengas fuerzas. Te enseñaré cómo arar la Tierra para prepararla para el Reino de Dios.”

Este es el gran don de la Encarnación. A través de Jesús, Dios ya no es una divinidad distante, viviendo en los cielos más allá de nuestro mundo. Él es Emanuel, “Dios con nosotros”, que ha venido a compartir todo lo que debemos soportar como criaturas en esta Tierra. Al mismo tiempo, es el Cristo que se ofrece a sí mismo para aliviar nuestras cargas. ¿Con qué persona mejor compartir un yugo?

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