
Reflexión
“Aquí estoy, Señor, envíame.”
Hoy celebramos la fiesta de San Benito, honrando su legado de 1.500 años como padre del monasticismo occidental y patrón de Europa.
La regla monástica de San Benito revolucionó la civilización occidental al establecer una vida comunitaria equilibrada, centrada en la oración y el trabajo, por lo que el lema de los benedictinos, “Ora et labora,”. Escrita en el siglo VI, la Regla de San Benito estableció un sistema práctico de oración, estudio y trabajo manual. El enfoque de Benito proporcionó la estabilidad tan necesaria durante la caótica Edad Media. La regla de San Benito también se convirtió en el modelo para muchas comunidades religiosas, incluso hasta nuestros días.
Todo eso está muy bien, podríamos decir. Pero, ¿qué relevancia tiene este santo medieval para muchos de nosotros que tal vez no somos religiosos de profesión o monjes?

Justo esto; el carisma benedictino ofrece un plan espiritual para encontrar estabilidad y paz espiritual en nuestro mundo, que es impulsado por el ruido constante, la velocidad de los cambios, el materialismo y la distracción.
En esencia, la Regla de San Benito no se trata de escapar del mundo. Se trata de vivir bien nuestra vida diaria, en un ritmo equilibrado de oración y trabajo santo. Nos inspira para las actividades cotidianas llenas de gracia de la familia, la comunidad y las situaciones desafiantes.
Y en el espíritu de San Benito, debemos hacer nuestra la oración del profeta Isaías: “Aquí estoy, Señor, envíame,” y no en susurros, sino como nos dice Jesús en el evangelio de hoy, proclamar esas palabras con audacia desde los techos. Envíame a mi rincón del mundo para presenciar un antiguo carisma de “Ora et labora”.





