Escritura Diaria, 23 de Agosto de 2026

También nosotros estamos llamados a abrazar el amor que la cruz nos revela y la esperanza que recibimos de la resurrección.

Reflexión

En nuestra lectura del Evangelio, Jesús pregunta a sus discípulos qué dice la gente sobre él. Ellos responden que la gente lo considera como uno de los profetas. Luego les pregunta qué piensan ellos mismos. Pedro responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Después de que Jesús afirma esta respuesta como viniendo de Dios, Él dice:

“Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia….Yo te daré las llaves del Reino de los cielos.”

En los últimos años, me he centrado un poco en el dicho de Jesús: “Yo te daré las llaves del Reino de los cielos.” Me concentro en eso porque los Evangelios nos dicen que Pedro tuvo que pasar por muchas experiencias para recibir las llaves del reino. Pedro todavía tenía que experimentar la muerte y resurrección de Jesús. Tenía que experimentar la venida del Espíritu Santo. Tuvo que experimentar el martirio a causa del Evangelio.

Había mucho que no entendía todavía. Lo veremos en la lectura del próximo domingo.

En nuestra segunda lectura, vemos que la cruz y la resurrección de Jesús no se ajustan a una visión convencional del mundo. San Pablo ha estado tratando de entender la aceptación del Evangelio por los gentiles y el rechazo por los israelitas. En la segunda lectura de hoy, san Pablo finalmente acepta que está más allá de su poder comprender plenamente la razón, por lo que se rinde a la sabiduría de Dios:

“¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar?”

Pablo podría haber estado hablando de la cruz y la resurrección de Jesús. Todavía no tiene sentido desde una perspectiva mundana, pero tiene sentido para aquellos que creen, y esto es lo que Pedro necesitaba experimentar y entender.

También nosotros estamos llamados a abrazar el amor que la cruz nos revela y la esperanza que recibimos de la resurrección. Así, podremos compartir el amor de Dios con el mundo y ayudar a edificar el reino de Dios trabajando por la justicia y haciendo florecer la paz.

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