
Reflexión
El evangelio de hoy parece presentar una parábola bastante sencilla. Un hombre rico que disfrutó de tranquilidad y comodidad durante su vida termina en tormento en el inframundo, y un hombre pobre que sufrió mucho en vida recibe consuelo en el seno de Abraham por la eternidad. Pero si observamos con más atención, saltan a la vista algunos detalles curiosos. Lo primero que notamos es que el hombre rico es el único personaje de esta historia que no tiene nombre. Algunos han sugerido que esto se debe a que representa a la humanidad común, ese individuo sin nombre que representa a toda la raza humana. Pero se nos dice específicamente que viste “…vestiduras de púrpura y lino fino”.
La audiencia de Jesús habría comprendido las implicaciones de esto. En aquella época, una prenda teñida de púrpura no solo era extremadamente cara (más de medio año de salario), sino que su uso estaba reservado para la élite política. Cualquiera que fuera sorprendido usando prendas como esta se exponía a una multa o prisión. Así pues, el hombre rico no solo tenía los recursos para mejorar la suerte de Lázaro; también tenía la responsabilidad de mejorar el bienestar de todos los ciudadanos. Y, sin embargo, parece que solo le importaba él mismo. Incluso cuando se encuentra en el inframundo, sometido al tormento, no muestra remordimiento, sino que pide que Lázaro sea enviado a consolarlo. Cuando esta petición es denegada, de nuevo desea enviar a Lázaro en una misión para servir a su familia. Como lo hizo en vida, no ve que Lázaro también es su hermano, y no algo que simplemente se puede pisotear en la calle o usar para facilitarle la vida.
La lección aquí no es simplemente la dualidad entre ricos y pobres, sino cómo nos vemos unos a otros, independientemente de nuestra posición social o riqueza. Jesús pregunta: ¿podemos aprender a ver a cada persona con la que nos encontramos como nuestro hermano o hermana, todos parte de la familia de Dios?
¿Podemos tratar a los demás, no como objetos para satisfacer nuestros propios deseos, sino como coherederos del Reino de Dios que estamos construyendo aquí en la Tierra?
Solo aceptando verdaderamente a todos los que conocemos como hijos amados de Dios, viviremos en el Reino.





