Escritura Diaria, 9 de Marzo 2026

Una niña preciosa, llena de una confianza indudable, ofrece un remedio de sanación de la lepra a un poderoso general por medio de su esposa.

Reflexión

Una linda historia para la Cuaresma

¡Qué historias tan maravillosas encontramos en el Libro de los Reyes! Una niña preciosa, llena de una confianza indudable, ofrece un remedio de sanación de la lepra a un poderoso general por medio de su esposa. Esta niña, llevada cautiva desde Israel, ha escuchado a sus mayores contar las maravillas del Dios de Israel y también ha oído hablar del profeta, Eliseo, que vive en Samaría. Me encantaría conocerla cuando crezca. Me pregunto cómo Naamán y su esposa la recompensarán.

El rey de Aram también resulta persona interesante. Escuchamos que el Señor le ha concedido la victoria. El Señor ha actuado a través de él y ha estado presente en su vida, aunque no pertenece al pueblo elegido. Sí, aquí en el Libro de los Reyes, donde es casi imposible encontrar un rey que escuche y cumpla la voluntad del Dios de Israel, el que leemos hoy ni siquiera es uno de los elegidos. Más adelante sabremos que el rey es anciano y que se apoya en el brazo de su general Naamán cuando va a ofrecer sacrificios al dios de los arameos. ¡Este rey arameo no está nada mal! ¿No disfrutaría este anciano, con aire de abuelo, escuchando las historias que la pequeña muchacha que sirve a la esposa de Naamán podría contar? Y, ¿no sería bueno que el rey de Israel tuviera la fe de esta niña, la bondad y la cortesía de ese rey extranjero, y que tuviera la confianza que Dios estuviere a su lado para cuidar de Israel?

El profeta Eliseo ofrece a Naamán una cura para su lepra. Naamán prevé el dilema: ¿cómo seguir a dos dioses? El profeta Eliseo le dice: “Vete en paz”, no temas, todo estará bien.

A nadie le gusta que lo ignoren o lo traten con descortesía —especialmente a los generales—. Por eso, cuando Naamán reacciona con “furia”, es comprensible. Sus servidores no salen corriendo a esconderse; se acercan a él con simpatía y comprensión. “Qué extraño… y qué solución tan sencilla. Sí, ese profeta no salió a recibirte; muy irrespetuoso, hmm. Pero vinimos al profeta cortésmente; quizá simplemente es un poco extraño. Además, todos lo oímos decir: ‘quedarás limpio; ve y lávate’. Qué cosa tan simple pedirte que hagas, después de un viaje tan largo. ¿Por qué no lo intentas? Hace un calor terrible hoy aquí en Samaría”.

Los fieles servidores de Naamán sabían cómo ayudarlo y cómo tratar con él cuando no tenía que ser general ni blandir una espada.

Naamán regresa enseguida a la casa del profeta con la piel brillante y nueva, como la de un niño. Con una gran sonrisa quería mostrarle al profeta su piel sanada. Después de todo, la lepra era una sentencia de muerte. Eliseo le dijo: “¿Ves? No era tan difícil”. Ambos estaban contentos y relajados. Dos buenos amigos que habían dejado de lado las expectativas. El general y su séquito confirmaron lo que ya sospechaban: que el profeta era un poco extraño, especialmente cuando se negó a aceptar regalos del general. Pero no había problema; ¡a veces lo extraño también puede ser bueno!

Después de haber regresado finalmente a casa y de contarle a su esposa todo lo sucedido, Naamán concluyó diciendo: “Y al profeta le pareció una muy buena idea mi sugerencia creativa de llevarme a casa unas cuantas carretas llenas de tierra de Israel”.

¿Creen que también llamaron a la pequeña muchacha para que escuchara la historia de Naamán? Tal vez para ella no fue una gran sorpresa; pero le gustó el final feliz. Sospecho que el profeta sonrió un poco al pensar en su rey rasgando tontamente sus hermosas vestiduras. Se preguntó si su rey daría gloria a Dios, qué pensaría el rey de Aram y cómo el querido Naamán, con piel de niño, afrontaría su dilema entre dos dioses… y su montón de tierra.

Otro día siendo profeta… rey… servidor… viajero en el camino de la Cuaresma.

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