
Reflexión
Los dos mandamientos más importantes: ¡Amar a Dios y amar al prójimo! El primero es claramente obvio; amar a Dios, que nos ama incondicionalmente, es una obviedad. ¿Cómo podríamos hacer otra cosa que estar agradecidos y bendecidos al saber que, sin importar cuántas veces nos desviemos de ese amor, siempre somos bienvenidos de nuevo? El segundo mandamiento, amar al prójimo, ¡puede ser más desafiante! Es fácil amar a quienes están de acuerdo con nosotros, comparten nuestras esperanzas y sueños, y nos desafían suavemente a ser mejores personas. La mayoría de las veces, estas personas son nuestros amigos más cercanos, familiares, compañeros de trabajo; personas que literalmente viven al lado, vecinos.
Jesús nos llama a amar a todas las personas, especialmente a quienes no nos importan, a quienes tienen opiniones diferentes, ¡a quienes quizás ni siquiera les gustemos! Vivimos en un mundo tan fragmentado. Es muy fácil dejarse llevar por las disputas internas en las redes sociales o por las palabras duras que se intercambian en la mesa o en la sala de juntas.
Debemos esforzarnos por ser esa luz para el mundo, esa pequeña señal del amor de Cristo por todos.
La Cuaresma nos llama a guardar y mantener nuestra relación amorosa con nuestro Dios y a ver ese mismo amor y bondad en toda su creación. Sinceramente, esto no es fácil para ninguno de nosotros. Durante esta Cuaresma, que encontremos en nuestro corazón la voluntad de ser un imagen de Cristo para todos aquellos con quienes nos encontramos. Transformémonos al transformar nuestros pensamientos negativos en energía positiva, al alimentar a los necesitados en el comedor social local, al organizar un llamado a la acción para ayudar a los pobres de nuestros barrios a tener mejor acceso a vivienda y empleo adecuados, al visitar a un amigo o familiar que hemos estado evitando porque sus opiniones pueden no coincidir con las nuestras. Hagamos todo lo posible por enviar energía positiva a nuestro mundo.
Independientemente de cómo decidan pasar estos días de Cuaresma previos a la gran celebración de la Pascua, recuerden los dos mandamientos más importantes: amar a Dios y al prójimo, que nos llaman a todos a ser un firme testimonio del amor de Cristo al mundo, especialmente en los tiempos difíciles.
¡Paz!





