
Reflexión
La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
Aquí, en nuestro hermoso Centro de Retiros Pasionista de San Pablo de la Cruz, tenemos el privilegio de contar con una representación asombrosa y de proporciones monumentales de Jesucristo Crucificado. Esta poderosa imagen se encuentra situada directamente sobre el sagrario y capta de inmediato la atención de todos aquellos que entran en nuestra capilla.
Lo que hace que este crucifijo en particular resulte tan fascinante es, de hecho, que está inspirado en el Crucifijo de Limpias —ubicado en la iglesia del siglo XVI de San Pedro, en Santander (España). Aún más singular resulta el hecho de que, en este crucifijo, los ojos de nuestro Salvador aparecen abiertos y sin herida en el costado, lo cual indica que Jesús se encuentra en los momentos finales de entregar su vida por todos nosotros.

¿Por qué es esto tan especial, no solo para nuestra familia pasionista mundial, sino para todos los hombres y mujeres cristianos de todas partes? Este crucifijo da vida a dos dimensiones muy importantes de aquello que tan devotamente denominamos la «memoria passionis», o la «memoria de la Pasión».
En nuestra oración, así como en nuestro ministerio, nosotros los pasionistas —mediante un cuarto voto especial— prometemos recordar cada día tanto el momento histórico en que Jesús fue crucificado en el Calvario como —con igual energía y celo— a todos aquellos que son los crucificados en nuestro mundo, en nuestras ciudades y en nuestras calles.
¿Y quiénes son los crucificados de hoy? ¿Cómo no pensar en todos esos hombres, mujeres, niños y bebés inocentes, en nuestro país y en todo el mundo, que son discriminados por su raza, color, creencias religiosas y género? En nuestra propia tierra, no podemos pasar por alto el alarmante número de personas —jóvenes y ancianos por igual— que se suman cada vez más a las filas de las víctimas de los opioides. Y también me siento inclinado, a título personal, a pensar en las mujeres y los niños que sufren abusos en hogares disfuncionales y carentes de amor, así como en aquellos que se encuentran solos en sus últimas horas de vida, sin nadie que les brinde consuelo.
En este Viernes Santo, queridos amigos, mientras meditamos con profunda sinceridad en la sagrada Pasión de Jesucristo, no olvidemos pensar también en aquellos que hoy, en nuestro mundo, son crucificados junto a Él. Que la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo permanezca siempre en nuestros corazones.





