Escritura Diaria, 7 de Abril 2026

Me pregunto cómo puedo llevar esa gran experiencia de haberme sentido amado y cuidado a todas las personas con las que me encuentro. Mi viaje y mi búsqueda continúan hasta el día de hoy.

Reflexión

¡Este es el día que ha hecho el Señor, gocemos y alegrémonos en él!.

—Salmo 118:24 (Biblia Latinoamericana.)

Si me conocen, saben que tengo una sed insaciable de comunidad. Tengo ochenta años y puedo decir con total sinceridad que he dedicado mi vida a buscar y a hacer todo lo que está a mi alcance para fomentar la comunidad, vaya a donde vaya o esté con quien esté; una experiencia con la que fui bendecido desde temprana edad.

Una de mis canciones folclóricas favoritas es «Today», escrita por Randy Sparks en 1964. Me encantan estos versos: «No puedo conformarme con las glorias de ayer; no puedo vivir de promesas, del invierno a la primavera; ¡un millón de mañanas pueden desvanecerse antes de que olvide toda la alegría que es mía, hoy!».

Cuando pienso en esa canción hoy, recuerdo estar sentado a la mesa durante el almuerzo en 1963, en el Noviciado Pasionista de St. Paul, Kansas. El lector —pues no conversábamos durante las comidas, sino que a menudo escuchábamos la lectura de un libro o artículo a cargo de uno de los novicios para la comunidad— leía un artículo de la revista The Sign, escrito por Andrew Greeley y titulado «La gracia: el sacramento del momento presente». Yo era novicio, tenía dieciocho años y venía reuniéndome con el padre Fred —nuestro Maestro de Novicios— para compartirle cómo las circunstancias en mi hogar, en Chicago, me estrujaban el corazón, diciéndome que mi lugar estaba allí. Aquello no tenía sentido alguno para ninguno de los dos. Me iba bien; amaba la rutina del monasterio y todo parecía encajar a la perfección conmigo, sugiriendo que me encontraba exactamente donde debía estar. Y, sin embargo, persistía esa inquietud que compartí con padre Fred.

Volviendo al artículo de Andrew Greeley: él escribió (no es una cita exacta, sino solo lo que recuerdo unos sesenta años después) que, si tienes 18 años y piensas que la vida comenzará cuando te gradúes, o cuando consigas ese trabajo, o cuando conozcas a esa persona, olvídalo. Debes estar plenamente vivo y elegir la vida hoy mismo. Fui a ver a Fred después del almuerzo y, sin que yo dijera una sola palabra, Fred me dijo: «Te conseguiré un billete de tren para que vuelvas a casa. Te estuve observando durante el almuerzo».

Esa decisión, tomada por ambos, me llevó a abandonar la maravillosa y amorosa comunidad donde me sentía plenamente amado y cuidado, para aventurarme en una vida de la cual no tenía la menor idea de hacia dónde me llevaría. Mi experiencia en la escuela secundaria y en el noviciado con los Pasionistas me dejó un anhelo de comunidad que, hasta el día de hoy, es mi pan de cada día. Me pregunto cómo puedo llevar esa gran experiencia de haberme sentido amado y cuidado a todas las personas con las que me encuentro. Mi viaje y mi búsqueda continúan hasta el día de hoy.

Dios, ayúdame a responder a la gracia que hoy me ofreces. Ayúdame a no tener miedo, aunque ello implique cambiar por completo mi camino para seguir a tu Espíritu de amor.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *