Escritura Diaria, 23 de Abril de 2026

Al contemplar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús, nuestra primera respuesta es la gratitud. Es por la gratitud que acogemos la vida nueva en Cristo.

Reflexión

En nuestra lectura del Evangelio según San Juan, escuchamos a Jesús dar inicio a lo que se conoce como el “Discurso del Pan de Vida”: «Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera….el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida».

Jesús describe una vez más cómo entrega su Cuerpo y su Sangre por amor a nosotros. Él es, en efecto, el cumplimiento de la profecía de Isaías que el etíope está leyendo cuando el diácono Felipe es enviado a su encuentro por el Espíritu Santo, en nuestra primera lectura de los Hechos de los Apóstoles.

¿Cuál es nuestra respuesta ante la entrega de Jesús por nosotros?

Cuando Felipe explica el pasaje de Isaías al etíope, este le pregunta: «¿Qué impide que yo sea bautizado?». Su respuesta refleja haber recibido un impulso del Espíritu Santo. La respuesta de Felipe fue seguir los impulsos del Espíritu Santo.

Al referirse a sí mismo como el «pan de vida», Jesús alude a «sus padres» que «comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron». No solo murieron físicamente los antepasados, sino que, al leer el libro del Éxodo, observamos que el pueblo se quejaba con frecuencia, olvidando mostrarse agradecido porque Dios los había liberado de la esclavitud y había cuidado de ellos mientras deambulaban por el desierto.

Al contemplar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús, nuestra primera respuesta es la gratitud. Es por la gratitud que acogemos la vida nueva en Cristo. Es por la gratitud que nos abrimos al poder del Espíritu Santo, para que otros puedan escuchar la Buena Nueva. Es por la gratitud que seguimos a Jesús, entregándonos a nosotros mismos por los demás.

Que recibamos el «pan de vida» en nuestros corazones y compartamos ese pan con el mundo.

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