
Reflexión
Hoy, en la primera lectura de Judas, encuentro tremendo consuelo en las instrucciones de los Apóstoles. Consolídense sobre el cimiento de su fe santa, oren movidos por el Espíritu Santo, conserven en ustedes el amor a Dios, en espera de que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo les dé la vida eterna.
Han pasado varios miles de años desde que Jesús caminó con los apóstoles y prometió un Abogado después de su muerte. A veces siento que no entendemos lo importante y edificante que fue esa promesa y sigue siendo hoy. ¿Lo tratamos como una tarjeta de regalo, que apreciamos pero no usamos?
No creo que el Espíritu haya sido citado alguna vez en la biblia, pero está allí en todo. Por lo tanto, encontrar tiempo y ambientes para la contemplación es importante. Él es tranquilo y habla en susurros. Permitirnos invocar al Espíritu Santo y asentarnos en su presencia puede ser una experiencia transformadora. Descansa en la tranquilidad y escucha el suave empuje a la acción. Abraza estas experiencias con confianza y regocíjate en el don de la paz, la alegría y la claridad de dirección. Él es activo, trayéndonos todos los dones de la Trinidad. Tiene nuestros mejores intereses en el corazón. Él fue prometido, es real y enviado específicamente a cada uno de nosotros.





