El ejemplo de Jesús deja claro que la fe no es un asunto privado. Estamos hechos para la comunión. De la misma manera, la Cuaresma no debe ser solo nuestro tiempo privado con Dios. Somos invitados como comunidad a orar unos por otros mientras caminamos juntos.
Una práctica diaria para muchos de nosotros es el Oficio Divino, o “La Oración de la Iglesia”. Incluso si lo rezas solo, recuerda que no es solo oración personal.
Únete en el Espíritu con todo el pueblo de Dios, ahora y siempre, que ha sufrido el exilio, ha clamado en lamentación o ha danzado de alegría. Pero especialmente ora con aquellos que no tienen voz propia.
Nos unimos con ellos, y Dios se une con nosotros en este tiempo de gracia.




