Escritura Diaria, 30 de Marzo 2026

Con las lecturas de hoy, aquietemos nuestros pensamientos y centrémonos en los pasos de la Semana Santa.

Reflexión

Con las lecturas de hoy, aquietemos nuestros pensamientos y centrémonos en los pasos de la Semana Santa.

En lecturas anteriores, Isaías acepta que Dios le imponga plenamente su espíritu, y lo acepta con las palabras: «¡Aquí estoy, envíame!». Por el testimonio de Isaías, Dios anuncia las cosas nuevas que están por venir y declara: «He aquí a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco; sobre quien he puesto mi espíritu». Reconocer que Dios ha puesto su espíritu sobre él implica que nosotros debemos escucharlo.

Al igual que Isaías, Jesús acepta plenamente estas cosas nuevas por venir, tanto como Dios como hombre. Tras su bautismo, oímos a Dios decir: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias»; y en la Transfiguración, Dios añade: «Escúchenlo».

Hoy, en el Evangelio de Juan, se celebra un banquete para conmemorar la resurrección de Lázaro, obrada por Jesús. Podemos imaginar una gran reunión en la que participan los discípulos, Lázaro y sus parientes, incluidas Marta y María. Escuchamos cómo Marta se dedica a servir, mientras que María se sienta junto a Jesús. Ella utiliza un costoso ungüento para ungir los pies de Jesús y secárselos con su propio cabello; un gesto sumamente íntimo y personal. El ungüento en cuestión era un auténtico perfume aromático de nardo. Su valor en aquel entonces equivaldría, en la actualidad, a una suma de entre 30.000 y 45.000 dólares. Judas objeta el uso que María hace del ungüento, protestando que debería haberse vendido para así aumentar el caudal de su bolsa común y destinar los fondos a los pobres. Jesús, conocedor de la verdadera naturaleza de Judas —y sabiendo que este solía robar de sus ahorros—, responde diciéndole: «Déjala en paz».

En este momento, debemos imitar las acciones de María y otorgar nuestro más alto valor al Ungido. Hoy, y especialmente durante esta semana, permitamos que el perfume aromático abra nuestros sentidos a SU presencia entre nosotros. Escuchémoslo y sentémonos en quietud. Que nos acerquemos cada vez más a Él a través de nuestra inmersión y de nuestro caminar durante esta semana.

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