
Reflexión
Domingo de Pascua La Resurrección del Señor
¡Felices Pascuas a todos ustedes!
Preparar una reflexión para la misa de la mañana de Pascua, dirigida a una congregación parroquial, siempre ha representado un desafío para mí, dado que la Iglesia nos ofrece múltiples lecturas del Evangelio para esta gran solemnidad. Los fieles acuden ataviados con sus mejores galas pascuales para celebrar este gran día. Si bien la música suele centrarse en el tema: «Aleluya, Jesús ha resucitado», los Evangelios correspondientes tanto a la Vigilia Pascual como a la mañana de Pascua no narran esa historia. Todos ellos relatan diversas historias acerca de un sepulcro vacío. El tema resulta sutil y ligeramente desconcertante. Además, la incapacidad de los apóstoles para interpretar el significado de un sepulcro vacío los deja sumidos en la confusión. Mientras que en el Domingo de Pascua la Iglesia nos presenta relatos sobre el sepulcro vacío, en los dos domingos siguientes centrará su atención en las narraciones sobre las apariciones.
Así pues, los discípulos están confundidos. ¿Acaso comienza la resurrección con la confusión? En cierto modo, sí. Sin embargo, esto es característico de la historia del Divino en su relación con la humanidad. Dios no solo nos sorprende al hacer algo que no esperamos, sino que, a veces, realiza algo que nunca antes habíamos visto, y para lo cual carecemos de vocabulario con el que expresarlo. La Anunciación, la Encarnación, la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión son, todas ellas, ejemplos de esto.
Esta temporada de Pascua invita a la Iglesia a orar a través de los antiguos textos de los Hechos de los Apóstoles. Los invito a escuchar estas lecturas este año. Muchas de estas historias constituyen el anuncio de que Jesús ha resucitado de entre los muertos. Esto convence a las personas a creer, o bien a optar por no creer. Por un lado, siempre me asombra lo sencilla y básica que es la predicación apostólica. Su predicación es un testimonio a la realidad de la resurrección.
Trasladando esto al presente:
- ¿alguna vez has reconocido una experiencia de Cristo en tu vida?
- Alguna vez ha respondido Cristo a tus oraciones?
- ¿Alguna vez has visto la presencia de Cristo en otra persona?
- ¿Alguna vez te sorprendió Cristo en el momento en que menos lo esperabas?
Si puedes responder afirmativamente a cualquiera de estas preguntas, entonces, evidentemente, Cristo no está muerto. La resurrección es verdadera, y tu experiencia es testimonio de ello. ¡Un acontecimiento que tuvo lugar hace 2000 años tiene un impacto directo en tu vida!
Finalmente, una pregunta aún más importante nos interpela: si tú, personalmente, has experimentado al Cristo vivo y puedes decir: «Sí, en verdad, Cristo está vivo», entonces, ¿dónde está ese algo nuevo hacia lo cual lo Divino ya te está atrayendo?, ¿y en qué forma de comunidad estamos llamados a convertirnos?





