Escritura Diaria, 24 de Mayo de 2026

En nuestro calendario litúrgico, la Solemnidad de hoy recibe el mismo grado de importancia que la Navidad y la Pascua. Tan significativo es este día que, de hecho, se nos ofrece una variedad de opciones de lecturas y oraciones litúrgicas para esta Solemnidad.

Reflexión

Solemnidad de Pentecostés

En nuestro calendario litúrgico, la Solemnidad de hoy recibe el mismo grado de importancia que la Navidad y la Pascua. Tan significativo es este día que, de hecho, se nos ofrece una variedad de opciones de lecturas y oraciones litúrgicas para esta Solemnidad.

¿Sabías que esta festividad tiene su origen en los libros del Éxodo, Levítico y Deuteronomio? ¿Que el pueblo de Israel debía reunirse para una celebración festiva 50 (Pente) días después de la Fiesta de los Ázimos (la Pascua judía)? El libro del Éxodo llama a esta ocasión una fiesta agraria de la cosecha (Éx 34:22). Se presentaban ante el Señor trigo, pan y frutos como un acto de acción de gracias. El libro del Deuteronomio instruye que, para este día festivo, «En el lugar que Yavé haya elegido para morada de su Nombre, estarás de fiesta…» (Dt 16:11).

Al pasar al Nuevo Testamento, vemos que Dios elige este día festivo preestablecido como el día justo para el derramamiento del Espíritu Santo. Esto nos indica que Dios afirma la importancia de los días festivos del calendario. Para Dios es importante que celebremos estos días comunitarios.

La Pascua Cristiana tenía como propósito confirmar una nueva alianza, la cual fue establecida mediante la muerte de Jesús. Entonces, ¿qué sucede una vez que esa alianza ha sido establecida? ¿Tenemos nosotros alguna responsabilidad?

La respuesta, por supuesto, es sí… Pablo dirá que ya no somos esclavos de la ley ni de las normas que nos unen a todos. El Espíritu derramado sobre nosotros nos otorga a todos libertad; no para hacer lo que queramos, sino para convencernos a arraigar nuestras vidas en el Evangelio. Así pues, volviendo a los orígenes de esta fiesta agraria: si penetramos nuestras raíces cada vez más en el suelo en el que estamos arraigados, notaremos que nuestros frutos serán mejorados. El desafío no consiste en juzgar el fruto de otra persona —ni la cantidad o calidad de dicho fruto—, sino en centrar nuestras energías en hundir nuestras raíces en la tierra fértil de la buena nueva que llamamos el Evangelio.

Esta es la única manera de que una planta o un árbol gocen de salud. ¿Cómo puede una planta estar sana si sus raíces son débiles o si se encuentra en un suelo contaminado?

Como pasionistas aquí en la Provincia Santa Cruz, seguimos redescubriendo esta precisa verdad cuando nos nutrimos de nuestro carisma pasionista. Descubrimos que alcanzamos mejorar nuestro espíritu cada vez más cuando nos centramos en nuestro carisma. El crecimiento, la unidad, la colaboración, el sentido y la esperanza son frutos que, si bien podríamos intentar construir por nuestra cuenta, brotan y maduran de forma natural cuando dedicamos más tiempo a hundir nuestras raíces en nuestro carisma pasionista.

Les deseamos un día festivo lleno de alegría, en la antigua tradición de regocijarse ante el Señor.

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