El P. Hugo Esparza, misionero pasionista, ofrece una breve reflexión sobre el Día de los Muertos: los altares en casa, agradecimiento y esperanza cristiana. Una invitación a dejar que la luz de Cristo transforme la oscuridad y renueve nuestra vida.
Transcripción editada
Hola, mi nombre es padre Hugo Esparza. Soy misionero pasionista y quiero invitarles a reflexionar sobre la fiesta que ya se acerca, la conmemoración de todos los difuntos, también conocida como el día de los muertos.
Nuestro pueblo, desde su corazón, la ha elevado a una forma más profunda de vivirla y, de modo coloquial, la llamamos el día de los muertos. En este día, según la región, decoramos, comemos, cantamos e incluso jugamos en las tumbas de familiares y amigos. Del mismo modo, en algunos lugares santificamos el hogar con altares para esperar, con un banquete, a quienes ya han entrado en el misterio de la muerte y de la vida nueva.
Que la luz de Cristo, en esta fiesta del día de los muertos, tome nuestra oscuridad para transformarla y nuestra luz para elevarla, pues esa es la promesa cumplida de Jesús, nuestro Señor y hermano, quien también conoció la tumba y resucitó.
En su nombre pedimos esto. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.





