La Cruz como Árbol de Vida: Reflexión de P. Lionel Pacheco, CP

Una reflexión de P. Lionel Pacheco, CP sobre la Exaltación de la Santa Cruz que conecta la fe cristiana con el cuidado de la creación y el compromiso por la paz y la vida.

En este domingo de la Exaltación de la Santa Cruz, Fr. Lionel Pacheco, CP nos recuerda que la cruz no es símbolo de derrota, sino de vida y esperanza.

A través de la historia de un viejo olivo que une a un pueblo, reflexionamos sobre cómo la cruz nos invita a cuidar la creación, sanar nuestras heridas y vivir con amor, justicia y paz.

Este mensaje nos llama a ver la cruz como un árbol de vida que abraza a toda la humanidad y a la tierra entera.

Transcripción

Quiero comenzar esta reflexión de hoy, en este domingo, con una pequeña historia.

Se dice que en un pequeño pueblo mediterráneo, justo en medio de la plaza, se alzaba un viejo olivo. Había estado allí durante siglos, mucho antes de que existieran caminos o incluso una iglesia. Los vecinos lo llamaban el “árbol testigo” porque lo había visto todo: bodas, funerales, nacimientos, regresos a casa, incluso guerras y celebraciones de paz. Era como parte de la familia.

Un año llegó un desarrollador con grandes planes para construir un centro comercial, pero el árbol tenía que desaparecer. Muchos se entusiasmaron con la idea de progreso y de más empleos. Sin embargo, un anciano llamado Elías se levantó y dijo: “Se podrán construir muchos centros comerciales, pero no se puede plantar un árbol que ha rezado con nosotros durante generaciones.”

Sus palabras tocaron el corazón de todos, y los vecinos cambiaron de opinión. Decidieron conservar el árbol y, de manera sorpresiva, el desarrollador ofreció fondos para construir un jardín comunitario alrededor de él. Ese jardín se convirtió en un lugar de paz y encuentro. Los niños aprendieron a cultivar, los vecinos compartían historias, y el árbol seguía allí de pie, como siempre, dando sombra y vida.

Años más tarde, un niño le preguntó a Elías: “¿Por qué luchaste tanto por ese árbol?” Y Elías respondió: “Porque me recordaba la cruz: arraigada en la tierra, elevada al cielo y dando refugio a todos los que se acercan.”


La Exaltación de la Cruz

Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, un día en el que levantamos la cruz no como símbolo de derrota, sino de victoria, de sanación y de amor. Y este año 2025 lo hacemos con un enfoque especial: la paz con la creación.

Quizás nos preguntemos: ¿qué tiene que ver la cruz con el medio ambiente? ¿Qué nos dice Jesús muriendo en una cruz de madera hace más de 2,000 años en un mundo que hoy enfrenta contaminación, cambio climático y bosques que desaparecen?


Sanación que comienza al mirar lo elevado

Volvamos a la primera lectura. El pueblo de Israel está en el desierto; se quejan, están cansados y sufren. Dios le dice a Moisés que levante una serpiente de bronce en un poste, y quienes la miren serán sanados.

Es una manera extraña de sanar, ¿verdad? Pero es un símbolo poderoso: algo elevado que trae vida.

De la misma manera, contemplamos a Jesús elevado en la cruz, no para castigarnos, sino para sanarnos. Y la sanación comienza cuando reconocemos nuestras heridas.


Las heridas de la creación

La verdad es que nuestro planeta está herido. Lo vemos en los bosques talados, los océanos llenos de plástico, los animales que se extinguen, el clima cada vez más extremo y millones de personas desplazadas y expuestas al hambre, la violencia y las enfermedades.

El Papa Francisco, en Laudato Si’, dice algo muy claro: hemos tratado la tierra como si fuera nuestra propiedad, como si pudiéramos tomar de ella lo que quisiéramos cuando quisiéramos. Y ahora vemos las consecuencias.


La cruz, árbol de vida

Pero aquí está la buena noticia, la buena nueva del Evangelio: la cruz no es solo un recordatorio de muerte, es un árbol de vida.

Nos muestra una manera mejor y nueva de vivir porque está enraizada en el amor, un amor incondicional. Sus brazos se extienden para abrazar a todos y a todo: personas, animales, ríos, bosques, el aire que respiramos. Nos invita a vivir de forma distinta.

Eso es lo que significa la paz con la creación. No se trata solo de no contaminar o reciclar, sino de aprender a vivir en armonía, como parte de la familia de la creación y no como sus dueños.


Cómo exaltamos la cruz hoy

Entonces, ¿cómo exaltamos la cruz hoy? No solo colgándola en una pared o llevándola en procesión. Exaltamos la cruz cuando vivimos como Cristo: cuando elegimos la amabilidad sobre la comodidad, cuando cuidamos un jardín o limpiamos una playa, cuando compramos con conciencia, caminamos en lugar de conducir o plantamos un árbol.

Incluso cuando reconocemos a Dios no solo en la iglesia, sino también en la creación: en el canto de las aves, en la risa de los niños, en la sombra de los árboles o en las familias separadas que se reencuentran.


Signos de resurrección

Recordemos que la cruz no es el final; la cruz nos lleva a la resurrección.

Y hoy ya vemos signos de vida nueva: jóvenes que alzan la voz por la tierra, comunidades que adoptan energías renovables, iglesias que inician ministerios ecológicos, agricultores que devuelven vida a tierras dañadas, vecindarios que protegen y acogen a migrantes y refugiados.

Estas son pequeñas resurrecciones, vida nueva que nace del amor y el sacrificio.


Vivir la cruz con nuestras vidas

Así que hoy elevemos la cruz no solo con nuestras voces, sino con nuestras vidas. Que nos arraigue en la humildad, que eleve nuestros corazones hacia la esperanza, que extienda nuestras manos en amor al prójimo y a la tierra.

Y que el Cristo crucificado nos enseñe esto: que la verdadera paz no es solo la ausencia de conflicto, sino la presencia del amor, de la justicia y del cuidado mutuo, por los demás y por todo lo que Dios ha creado.

Amén.

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