En nuestra vida como comunidad Pasionista, hemos llegado a entender la limosna como una respuesta compartida al amor compasivo revelado en la Pasión de Jesús.
Compartir nuestros dones es más que un acto de generosidad; es una forma de permanecer unidos al pie de la Cruz, en solidaridad con quienes sufren.
A través de su limosna, reconocemos que los donantes se convirtieron en verdaderos colaboradores de la misión Pasionista, compartiendo no solo sus recursos, sino también su fe y esperanza. Cada donación se ofreció como una oración, conectando al donante con el receptor en un vínculo de compasión y confianza.
A través de esta colaboración, experimentamos cómo la comunidad se fortalece y el recuerdo de la Pasión se mantiene vivo — un don y un corazón agradecido a la vez.
La limosna, entonces, se convirtió en una expresión viva de quiénes somos y cómo estamos llamados a amar.




