Escritura Diaria, 16 de Marzo 2026

La historia del funcionario real es nuestra historia. Cuando recibimos ceniza en la frente al comienzo de la Cuaresma, escuchamos las palabras: «Conviértete y cree en el Evangelio».

Reflexión

El salmo responsorial de las lecturas de hoy capta a la perfección el evangelio de hoy:

«Tú, Señor, me salvaste de la muerte, y a punto de morir, me reviviste.»

Jesús había reprochado a quienes lo seguían la excitante expectativa de que realizaría algo extraordinario, incluso sensacional, ante sus ojos. En cambio, Jesús demostró que el poder más asombroso proviene de su palabra.

El evangelio de hoy cuenta la historia del funcionario real que se acercó a Jesús desesperado, en una especie de oración de trinchera. Su hijo yacía en casa enfermo de muerte. Le rogó con urgencia a Jesús que lo sanara. «Señor, baja antes de que mi hijo muera».

De la forma más discreta, Jesús le dijo al funcionario real: «Puedes irte, tu hijo vivirá». La simple declaración de Jesús fue suficiente. «El hombre creyó en lo que Jesús le dijo y se fue». Sin duda, el funcionario real regresó a casa alabando al Señor que no solo rescató a su hijo de la muerte, sino que también lo rescató a él de la desesperación y lo llevó a la fe. De hecho, él y toda su familia creyeron en Jesucristo.

Al igual que con el funcionario real, Jesús nos desafía. ¿Creeremos que las palabras de Jesús tienen poder vivificante para nosotros? ¿Creeremos que la Palabra de Dios es suficiente para vencer la muerte y llevarnos a la vida eterna?

La historia del funcionario real es nuestra historia. Cuando recibimos ceniza en la frente al comienzo de la Cuaresma, escuchamos las palabras: «Conviértete y cree en el Evangelio».

Durante esta Cuaresma, estamos llamados a creer como creyó el funcionario real y a alabar al Señor por habernos rescatado.

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