Ser discípulo significa vivir tal como Cristo quiere que vivamos. La Cuaresma es un tiempo para centrarnos en la misión que Jesús nos encomendó: «Ir y hacer discípulos de todas las naciones».
Puede resultar útil preguntarnos si estamos siendo los discípulos que necesitamos ser.
- ¿Somos el ejemplo que otros desean seguir?
- ¿Vivimos para Cristo con todo nuestro ser?
- ¿Reflejan nuestra actitud, nuestras acciones, nuestras palabras y nuestro servicio al Cristo que habita en nosotros?
- ¿Confiamos plenamente en Cristo, o hay otras cosas en las que depositamos nuestra confianza?
Estas son cuestiones sobre las que reflexiono, pues me ayudarán a ser un mejor discípulo; alguien a quien otros tal vez deseen imitar.





