San Pablo de la Cruz nos marca el ritmo de renovación personal en esta Cuaresma. Muchas personas, tanto de su tiempo como el nuestro, sufren de diversas maneras: enfermedad, miedo, pobreza e injusticia; mientras que otras permanecen indiferentes, absortas en sus propios mundos.
Pablo reunió a sus compañeros para vivir juntos en oración y proclamar con valentía el amor de Dios por la humanidad sufriente en la Pasión de Jesús.
Esta necesidad es igual de apremiante hoy: nuestros hermanos y hermanas claman por nuestra amorosa atención mientras afrontan sus propias dificultades.
En esta Cuaresma, respondemos con valentía como Familia Pasionista, guiados por el Espíritu Santo y siguiendo el Camino Pasionista.
¡Hay esperanza, fortaleza y acción en nuestra vida en comunidad! Juntos, despertamos al mundo de su letargo, en y a través de Jesús Crucificado.






Bendito Dios.-
Hoy al leer esta reflexión, agradezco su bondad infinita, precisamente hoy estaba coordinando la visita de los alumnos del Colegio San Gabriel de la Dolorosa, al Asilo de ancianos, donde llevarán todo lo recaudado con nuestra campaña de cuaresma *Manos que dan, corazones que crecen* y hablaba con la encargada del asilo, de que la experiencia no sea solo traer el donativo (los alumnos), sino que les permitan pasar un momento con ellos, que los mismos estudiantes les entreguen las galletas y/o cualquier otro comestible suelto, para que el gesto sea vivencial y que esto pueda calar en sus corazones y quedarse como una huella, que les interpele y les haga ver que en el mundo, muchos personas son necesitadas, que con poco podemos ayudar y que eso marca la diferencia. Y también que les enseñe a ser AGRADECIDOS.