
Reflexión
Solemnidad de la Anunciación del Señor
Cuando María responde al ángel Gabriel en el Evangelio de hoy: «cúmplase en mí lo que me has dicho»… algunos interpretan el ideal de la mujer como una sierva obediente, pasiva y receptiva, incluso sumisa. Pero es necesario considerar un análisis más exhaustivo de otros pasajes del Nuevo Testamento, que ofrece una perspectiva más completa y, me atrevo a decir, más precisa.
Comencemos, pues, con este misterio de la Anunciación: «¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?».
¡María cuestiona a Dios! O consideremos el hallazgo del Niño Jesús en el Templo, cuando María exclama con fuerza: «¿Dónde has estado? ¡Tu padre y yo te hemos estado buscando!». Y cuando Jesús expresa su propio llamado o vocación, María permite que se despliegue la voluntad de Dios.
A continuación, consideremos el banquete de bodas de Caná. Cabe destacar que en esta cultura las mujeres no debían hablar en público. Juan introduce su segundo capítulo: «…se celebraba una boda en Caná de Galilea». Versículo 1b: «y la madre de Jesús estaba allí». Versículo 2: «También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos.». Cuando se les acabó el vino, María se dio cuenta de la vergüenza de los recién casados y les dio instrucciones a los mayordomos: «Hagan lo que él les diga.». Jesús protestó: «¡Aún no ha llegado mi hora.!»
Quizás lo más impactante sea que, durante la pasión y muerte de Jesús, los hombres se han marchado, abandonándolo por miedo.
«María estaba al pie de la cruz». ¿Qué sucede cuando quienes amamos son crucificados? No solo por leyes injustas o intolerancia… sino a menudo por el sistema, la institución misma. Y estas estructuras parecen limitarse a cerrarnos puertas.
María no es pasiva ni sumisa, ni dócil ni empalagosa. Al contrario, María encarna el verdadero DISCIPULADO. María ESCUCHA y ACTÚA. Sus acciones no dependen de ninguna ley o tradición patriarcal. Más bien, responde por COMPASIÓN, responde por las necesidades del prójimo.
«…cúmplase en mí lo que me has dicho».





