Escritura Diaria, 27 de Marzo 2026

Allí, en la fracción del pan, Cristo nos otorga la gracia para que nuestras obras estén en consonancia con aquello que profesamos creer.

Reflexión

«Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. Jesús les dijo: ‘He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?’»

Juan 10:31-32; Biblia Latinoamericana

Esta fue la respuesta de Jesús a la acusación de blasfemia que lanzaron contra él, alegando que se hacía pasar por Dios. Cristo señaló sus obras como el fundamento para creer en él como el Hijo de Dios. «Aunque no me crean a mí —dijo Jesús a sus opositores—, crean a las obras…»

Además —prosiguió Jesús—, es Dios quien lo ha consagrado como Hijo de Dios. Su mención de la consagración reveló la relación existente entre Jesús y la Fiesta de la Dedicación, que el pueblo se encontraba celebrando.

La «re-dedicación» fue una festividad de ocho días que conmemoraba la independencia judía del dominio romano bajo Judas Macabeo, así como la consagración del Templo de Jerusalén en el año 164 a. C.

Como Verbo encarnado —haciendo eco del prólogo del Evangelio de Juan—, cuyo cuerpo es el «Templo», Jesús es aquel que ha sido consagrado por el Padre.

No obstante, en lugar de insistir en la afirmación de que «el Padre y yo somos uno», Jesús remitió a sus obras.

Las acciones hablan más fuerte que las palabras —les decía Jesús—. Jesús instaba a sus opositores a creer en sus obras, las cuales dan testimonio de quién es él. Pero ellos permanecieron ciegos en su obstinación.

En el caso de Jesús, sin embargo, tanto sus acciones como sus palabras deberían haberles revelado su verdadero carácter. ¿Por qué? Porque las acciones de Jesús se alineaban claramente con sus palabras.

En conjunto, estas deberían haber generado confianza y demostrado la fiabilidad de Jesús. Aun así, Jesús hizo hincapié en sus obras. Las obras son siempre más poderosas que las palabras.

Las palabras pueden convencer a la mente, pero las obras mueven la voluntad a la acción.

Jesús continúa realizando hoy la obra del Padre en nosotros —el Cuerpo místico de Cristo—, a medida que nos servimos unos a otros y edificamos el Cuerpo de Cristo.

Vemos la obra de Cristo revelada ante nosotros con la mayor fuerza en la Eucaristía. Allí, en la fracción del pan, Cristo nos otorga la gracia para que nuestras obras estén en consonancia con aquello que profesamos creer.

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