
Reflexión
Memoria de San Atanasio, obispo y Doctor de la Iglesia
¡Resistencia y fortaleza! Esto es lo que me impresionó en la primera lectura de hoy, acerca de la actividad misionera de san Pablo y san Bernabé en Asia Menor (la actual Turquía), y también en la vida de san Atanasio, cuya conmemoración celebramos hoy. A pesar de los ultrajes, las amenazas, la persecución, la expulsión y el exilio, ¡ellos continuaron predicando el Evangelio!
La predicación de Pablo y Bernabé en Antioquía fue tan exitosa que «casi toda la ciudad» salió a escucharlos. Algunos judíos de Antioquía vieron a las multitudes y sintieron celos. Contradijeron su mensaje, incitaron una persecución en su contra y los expulsaron de su territorio. Esto no disuadió a Pablo y Bernabé. Vemos, al final de la lectura de hoy, que se dirigieron a otra ciudad: «Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio….». (Hechos 13:51, Leccionario USCCB)
Tres siglos después, San Atanasio también sufrió persecución y expulsión. Se opuso a la herejía arriana, que sostenía que Jesús no era plenamente divino. (En el Evangelio de hoy, Jesús explica a sus discípulos que Él y el Padre son uno). Los emperadores romanos y algunos de sus compañeros obispos arrianos lo tildaron de alborotador.

Fue aislado y amenazado; fue desterrado de su pueblo en Alejandría, en el norte de África, al menos cinco veces. Pasó diecisiete de los cuarenta y seis años de su episcopado en el exilio. Aun así, perseveró y siguió tendiendo la mano a su rebaño, incluso desde el exilio.
Cada Pascua, San Atanasio enviaba una carta a su pueblo en Alejandría. En el año 338 d. C. escribió: «Soy, como sin duda se os ha dicho, presa de muchas tribulaciones; me siento agobiado por duras pruebas; soy vigilado por los enemigos de la verdad, quienes escudriñan todo cuanto escribo para desenterrar acusaciones en mi contra y, con ello, aumentar mis sufrimientos; sin embargo, a pesar de todo, siento que el Señor me fortalece y me consuela en mis aflicciones». Tres siglos antes, San Pablo escribió algo similar desde la prisión:
«Todo lo puedo en aquel [Cristo] que me fortalece.».
(Filipenses 4:13 — Biblia Latinoamericana)
Al igual que San Pablo y San Atanasio, podemos confiar en que Dios nos fortalecerá con el don espiritual de la Fortaleza cuando el discipulado no sea fácil y enfrentemos resistencia, ya sea en nosotros mismos o por parte de otros. ¡Y así, oramos por este don!





