Escritura Diaria, 27 de Mayo de 2026

Todos estamos llamados a unirnos a aquel que no vino para ser servido, sino para servir; cuyo propósito en la vida no fue la autopromoción, sino vaciarse de sí mismo por los demás.

Reflexión

Hoy, el evangelio nos presenta a Jesús destacando el elemento esencial de la vida cristiana: estar en el mundo, pero vivir fuera del mundo, con la mirada firmemente puesta en el reino celestial. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercan a Jesús y le piden un favor: «Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.» (Mc 10:37). Lo que piden tiene que ver con la gloria, el honor y el estatus. Buscaban un lugar privilegiado en el futuro reino del Señor. Ciertamente tenían razón al creer que el Señor reinaría algún día en gloria; sin embargo, se equivocaron por completo en su comprensión y perspectiva sobre la naturaleza de este reinado. El suyo no sería un reino de poder y estatus, sino más bien un reino de misericordia y compasión.

Lo que Jesús les pregunta a Santiago y a Juan es si están dispuestos a compartir el rechazo y el sufrimiento que le aguardan. «¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?». Lo que ellos buscaban era la autopromoción; lo que Jesús pide es la autodonación. En el corazón del discipulado reside la entrega de un amor desinteresado: convertirse en siervo de los demás.

Todos estamos llamados a unirnos a aquel que no vino para ser servido, sino para servir; cuyo propósito en la vida no fue la autopromoción, sino vaciarse de sí mismo por los demás. Solo siguiendo este camino recibiremos esa participación en la gloria de Jesús. Debemos prestar atención a las palabras del Señor, quien oró por nosotros, que “estamos en el mundo, pero no pertenecemos a este mundo” (cfr. Jn 17:15).

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