Escritura Diaria, 28 de Julio de 2026

Estamos llamados a caminar juntos con nuestras hermanas y hermanos de todos los ámbitos de la vida, para escuchar su historia y responder con fe mientras discernimos cómo Dios nos llama a responder a las necesidades de los demás.

Reflexión

El que tenga oídos, que oiga

Jesús nos recuerda en el evangelio de hoy de la importancia de escuchar realmente. En los últimos años nuestras parroquias han estado inmersas en aprender cómo ejercer la “sinodalidad”. Este término proviene originalmente de la palabra griega synodos, que significa “caminar juntos”. Describe un estilo colaborativo de gobierno y vida para la iglesia. El fin de la sinodalidad es que todos los miembros —laicos, sacerdotes y obispos— escuchen activamente a los demás y al Espíritu Santo para discernir la misión y dirección de la iglesia.

El papa León XIV explica la sinodalidad con estas palabras: “La sinodalidad es una actitud, una apertura, una voluntad de entender”. Esta voluntad de entender nos invita a nosotros mismos y a los demás a crecer como familia, iglesia, vecindad y comunidad.  La comprensión comienza, ante todo, escuchando a los demás.  Todos tenemos algo que decir y como seres humanos a menudo pensamos que nuestras palabras, nuestra historia, nuestras ideas son lo más importante!  Sí, lo que queremos decir es importante, ¡pero lo que nuestro vecino está tratando de decir también es importante!

El Espíritu Santo que fue enviado a los apóstoles en Pentecostés es el mismo Espíritu que nos llama a nosotros que tenemos oídos para oír y escuchar!

Estamos llamados a caminar juntos con nuestras hermanas y hermanos de todos los ámbitos de la vida, para escuchar su historia y responder con fe mientras discernimos cómo Dios nos llama a responder a las necesidades de los demás.

Cuando nos comprometemos a escucharnos de verdad, nuestro mundo puede crecer a pasos agigantados. A veces me resulta fácil juzgar y desestimar a quienes no comparten mis creencias o experiencias. Pero cuando recuerdo detenerme y escuchar a alguien más, es transformador y vital para ambos.

Sigamos adelante en fe, escuchándonos unos a otros con respeto, apertura y disposición para cambiar lo que hay que cambiar, para crecer de maneras que reflejen nuestro cuidado y preocupación por las personas privadas de justicia y perseverar en la gracia y el amor mientras avanzamos juntos hacia el reino!  Amén.

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