Escritura Diaria, 12 de Septiembre de 2026

En el evangelio de hoy, Jesús dirige su atención a los árboles frutales. Él le dice a sus discípulos que cada árbol es conocido por su fruto. 

Reflexión

Los biblistas nos dicen que el término “jardín” se usa 43 veces en la Biblia, desde el Jardín del Edén hasta el Jardín de Getsemaní, donde estaba ubicada la tumba de Jesús. Jesús obviamente conocía íntimamente la horticultura en sus diversas formas, y usa esta familiaridad con frecuencia en sus parábolas y enseñanzas.

En el evangelio de hoy, Jesús dirige su atención a los árboles frutales. Él le dice a sus discípulos que cada árbol es conocido por su fruto. 

“No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos.”

Los especialistas en plantas nos enseñan que los buenos árboles frutales requieren un monitoreo regular para identificar posibles o tempranas señales de enfermedad de las plantas. La detección temprana evita que se aumenten problemas menores de salud de los árboles. Los factores ambientales también son cruciales para tener árboles frutales saludables.

Jesús es como el “Maestro Jardinero”.  Él es el sembrador que se da cuenta de lo importante que es sembrar las semillas de sus enseñanzas en suelo fértil y proporcionar un cuidado regular y prudente de los árboles que ha plantado para que sus enseñanzas puedan producir frutos ricos.  Pero Jesús también reconoce que no somos tan responsables de la parte del jardín que cuidamos. El mal cuidado de sus árboles puede resultar de las tensiones (tentaciones al pecado) de los ambientes en los que vivimos.  El pecado engendra pecado y puede propagarse dentro de nosotros y entre nosotros, así como las enfermedades vegetales que ponen en peligro la salud del huerto (Iglesia de Jesús).

Jesús sabe bien que su jardín, la Iglesia, necesitará abundantes recursos para prosperar. Él nos concede abundantes gracias a través de sus enseñanzas en las escrituras, invitándonos a construir vidas de oración y alimentando la vida de la Iglesia a través de cada uno de los sacramentos.  Invita a cada uno de nosotros a contribuir al bienestar de su huerto eclesial, controlando cuidadosamente nuestra salud espiritual para no sucumbir a las presiones de los ambientes difíciles en los que la Iglesia se esfuerza por producir buenos frutos.

Así que la pregunta a considerar: ¿Estoy trabajando para ser un buen árbol que produzca abundantes frutos en el jardín de la Iglesia; o me estoy dejando abierto a los elementos dañinos de mi entorno que pueden derribar un árbol una vez lleno de vida en el jardín del Señor?

¡Que la pasión de Jesucristo esté siempre en nuestros corazones!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *