
Reflexión
Cuando la interrupción se convierte en invitación
Después de oír de la muerte de Juan el Bautista, Jesús es interrumpido en su camino a un lugar de oración. ¡La multitud sabía adónde iba él y los apóstoles! Movido por la compasión, Jesús se detiene donde está y dice: “Debemos darles de comer”. Solo después de este intervalo, Jesús continúa subiendo la montaña, solo, para orar, después de enviar a los apóstoles en su barca. Una vez solo, Jesús escucha y comparte con el Padre en la oración. Mientras tanto, los apóstoles luchan contra las olas y un viento contrario. A primera hora de la mañana, Jesús va a encontrarlos y parece estar caminando sobre el mar. “Tranquilícense y no teman”, dice. Pedro va hacia Jesús, pero se hunde en el agua; Y mientras es arrastrado a la barca, oye: “Hombre de poca fe”. Los apóstoles responden: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
Todo lo que Jesús hace, lo hace con el Padre. Qué generoso de su parte dejar a un lado su intención de ir a orar para ministrar a la multitud y alimentarla. Jesús quiere esto y también el Padre. Nuestro Señor finalmente tiene su momento de oración, y lo que sigue es una revelación del poder divino a los apóstoles y una observación fraternal dada a Pedro.
El texto de Mateo sigue el previo evangelio de Marcos con un cambio significativo. En Marcos, Jesús pretende solamente pasar junto a los apóstoles mientras luchan con el mar. ¿A dónde iba Jesús? ¡Nunca lo sabremos! Pero en Mateo, sus amigos están luchando, y Jesús una vez más interrumpe sus planes para servir a los demás tal como antes había ajustado sus planes para atender al hambre de la multitud.

Jesús se dirige directamente al barco, y estos pescadores experimentarán solo lo que Dios puede hacer: caminar sobre el mar y calmar el viento y las olas.
Me pregunto si, cuando Pedro fue sacado de las profundidades y escuchó a Jesús decir: “Hombre de poca fe”, podría haber estado pensando: “¿Y qué de la fe que mostré cuando salí a las profundidades por ti?”
Pedro no podía prever la nueva e inimaginable revelación de amor que acompañaría el último capítulo del evangelio de Juan:
«Muchachos, ¿tienen algo para comer?». Ellos respondieron: «No». El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán»….Jesús les dijo: «Vengan a comer».
¿Aquella mañana, en la orilla del mar, interrumpía Jesús la desolación de Pedro por haberlo negado? ¿Interrumpía Jesús el regreso de Pedro para pescar en lugar de tomar el trabajo que Jesús le había encomendado? Durante el desayuno es un buen momento para escuchar y hablar con Dios sobre las interrupciones de la vida.
Nuestras lecturas tratan de las interrupciones en la vida. Parece que, para Jesús, hacer la voluntad del Padre permite las interrupciones. Pedro es interrumpido de su autoconfianza por el mar voraz, y más tarde interrumpido mientras esta sintiendo el peso de la culpa por haber negado a Jesús. En la primera lectura de hoy, Elías esta como Pedro, ahogándose en el miedo de no poder cumplir su encargo de profeta. Dios interrumpe el miedo de Elías y su entrega a la desesperación. Dios renueva la vocación y el coraje de Elías con la invitación: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”. El Señor lo trata como un íntimo con quien espera tener una conversación íntima. Luego, el Señor lo despachará al trabajo. Dos reyes necesitan la unción ceremonial.
Las interrupciones pueden ser los momentos que despiertan nuestra fe. Hoy es la memoria de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, OCD (Edith Stein). ¿Qué palabras de amor le dijo Dios a ella cuando su vida fue interrumpida? A esta mujer judía, una monja carmelita contemplativa y mártir, se le dieron cinco minutos para abandonar su convento para ser puesta en un tren para el viaje al ‘este’, a Auschwitz. Ella se echó a las profundidades por invitación de Jesús.
San Pablo, en la segunda lectura de hoy, dice: “Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas….” Edith Stein quedó aislada de la vida y de su querida familia judía porque todavía mantenía su fe en Cristo. Esta interrupción fue un acto de fe en Jesús, su amado. Que también nosotros encontremos fe en las interrupciones de nuestras vidas.





