Escritura Diaria, 15 de Agosto de 2026

Hoy celebramos una de las fiestas Marianas más significativas de nuestra Madre María, la solemnidad de la Asunción. 

Reflexión

Solemnidad de la Asunción de María

Hoy celebramos una de las fiestas Marianas más significativas de nuestra Madre María, la solemnidad de la Asunción.  Esta fue declarada una dogma de la Iglesia por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950.  En sus propias palabras, “Pronunciamos, declaramos y definimos como un dogma divinamente revelado que la inmaculada Madre de Dios, la siempre-virgen María, habiendo completado el curso de su vida terrenal, fue asumida cuerpo y alma para la gloria celestial.”  La declaración del Papa, por supuesto, fue en realidad un anuncio formal de lo que ya era una creencia común de los fieles en la Iglesia Católica durante siglos.

Pero lo que más me gusta de este día especial es que, de una manera única, tal vez por primera vez en la historia, estamos invitados a pensar en la relación íntima, no de María con su propio Hijo amado, Jesús, sino con Dios Padre. 

Fue Dios Padre quien envió a su Hijo unigénito al mundo para ser nuestro Salvador (Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único) y fue Dios quien envió el ángel Gabriel a María para invitarla a participar en el misterio de la Encarnación.  Existía una relación íntima iniciada por iniciativa amorosa de Dios. Y, en esta fiesta de la Asunción, estamos invitados a reflexionar sobre cómo, al cumplirse la vida de la bendita Madre, en el misterio de su Asunción al cielo, testimoniamos a la maravillosa fidelidad de Dios mismo, tomándola al cielo, hacía si mismo, cuerpo y alma, gloriosa.

Cuando la gente me expresa algúna duda sobre este gran misterio, mi respuesta es simplemente: “Bueno, Dios puede hacer cualquier cosa, ¿verdad?”  Pero seguramente hay un testimonio para nosotros al fondo de esta fiesta mariana. La Asunción de María, como la resurrección del mismo Jesús de entre los muertos, es la expresión definitiva y más clara de la fidelidad de Dios. Él nos ama también con el mismo amor que le tuvo para María. Nuestro Dios es un Dios fiel, tal como el himno declara.  Y nuestro fiel Dios está con nosotros en todo momento, así como Dios estaba con Jesús, y así como Dios siempre estuvo con María. 

Hoy, en todos los acontecimientos que nos rodean, especialmente las cosas que ponen a prueba nuestra fe, cuán importante es recordar: Nuestro Dios es fiel.  Nuestro Dios es un Dios fiel.

Si recordamos esto, queridos amigos, entonces, así como nuestra Madre Santísima cantó su declaración, también nosotros podemos declarar y cantar con ella esas grandes palabras de su propio Magnificat: Mi alma proclama la grandeza del Señor, mi espíritu encuentra alegría en Dios mi salvador… Dios poderoso ha hecho grandes cosas por mí, y santo es su nombre.

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