
Reflexión
Las tres lecturas de la liturgia de hoy nos desafían a abrir nuestras mentes y a ir más allá de los límites dentro de los cuales vive la mayoría de nosotros… ¡los que sean!
La cuestión fundamental es “¿A quién ama Dios?” o “¿Quién tiene acceso al cuidado amoroso de Dios?” La lectura del profeta Isaías comienza nuestra reflexión. Él profetiza: “a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo….porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos’.” (Isaías 56:6-7) Aunque esta apertura a todos los pueblos era el punto de vista de Isaías, todavía no era un consenso común entre la comunidad religiosa de Israel. Setecientos años después vemos a Jesús y la Iglesia primitiva todavía luchando con este punto de vista! Y, tal vez muchos de nosotros luchamos con esta profecía hoy.
Incluso Jesús, como vemos en el relato evangélico de hoy de su encuentro con la mujer cananea, necesitaba tener los ojos abiertos a una visión más universal de su misión. Cuando la mujer cananea con una hija que sufre pide ayuda a Jesús, ¡él ni siquiera le responde! Pero ella es tan persistente que los discípulos de Jesús le piden que la mande lejos porque está causando tanta conmoción. Jesús le dice que no vino por ella sino solo por las ovejas perdidas de Israel.

Su respuesta ingeniosa y animada a la respuesta de Jesús sobre su indignidad conquistó el corazón de Jesús. Jesús se dio cuenta de que las personas necesitadas y en busca de misericordia eran las verdaderas ovejas perdidas.
Claramente, un momento de perspicacia para Jesús y un desafío para nosotros.
En la segunda lectura oímos la angustiada esperanza de Pablo de que todo el pueblo de Israel llegara a darse cuenta de que Jesús era el Mesías y creyera en él. Una de las mayores alegrías de Pablo fue traer a los gentiles a la Iglesia. Una de sus penas más profundas fue que tantos de sus compañeros judíos nunca se dieron cuenta quién era Jesús. Una herida muy personal que Pablo llevó a la tumba.
Cuando pensamos en el amor y la misericordia de Dios, ¿hay personas que excluimos? Las lecturas de hoy nos desafían a derribar cualquier barrera que hayamos puesto. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a aprender como lo hicieron Isaías, Jesús y Pablo? Que el Espíritu Santo nos ayude a reconocer la vida de Dios en todos los pueblos.





