Donde el servicio encuentra a los olvidados

En esta reflexión cuaresmal, Jack Dermody reflexiona sobre cómo las visitas de la Hermana Ana a los presos revelan el llamado de la Cuaresma: servir a Cristo tendiendo la mano a los más pequeños y olvidados.

Visitar a los presos no es precisamente lo primero en nuestra lista de tareas, ¿verdad?

Pero Jesús tiene su divina manera de recordarnos: «Todo lo que hicieron por uno de estos más pequeños, por mí lo hicieron».

Piensen en Ana, una hermana pasionista. Pasó años visitando a presos en Michigan, pero no era solo una visitante, era un puente. Como muchas familias de los presos eran indocumentadas y no podían arriesgarse a ser detenidas, ella se convirtió en la única conexión con el mundo exterior que tendrían los presos.

Era como la Verónica en el Vía Crucis. Cuando toda la muchedumbre veía a un “criminal”, Verónica veía un alma sufriente y extendía la mano para limpiarle el rostro.

La hermana Ana hizo lo mismo, llevando susurros de amor de sus seres queridos y pequeños regalos como tesoros sagrados.

Jesús nos había susurrado a todos: “Estuve en la cárcel y viniste a visitarme”.

Pausemos para tomar un profundo respiro y preguntemos a nuestro corazón: “¿Cómo puedo servir mejor a los más pequeños? ¿Adónde me está guiando el Espíritu Santo para que ayude a mi prójimo?

Comencemos por mirar a quienes tenemos frente a nosotros ahora mismo. ¿Cómo podemos amarlos hoy?”

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