Escritura Diaria, 23 de Junio de 2026

La "puerta estrecha" es amor y compasión y perdón, justicia y paz. Que siempre busquemos guía, ayuda y gracia para acercarnos e ingresar por la puerta "estrecha".

Reflexión

En nuestra lectura del Evangelio, Jesús dice: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas. Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él.”

La primera línea de estos versos evangélicos se conoce comúnmente como la regla de oro. Cumplir con la regla de oro “estrecha” bastante la “puerta”. En lugar de la regla de oro, muchas personas prefieren seguir una regla egoísta: “Haz daño a los demás antes de que puedan hacerte daño a ti.”  Otros se sienten tentados de seguir una regla similar: “No te preocupes por lo que le pase a los demás. Simplemente cuídate tú mismo.” Es tan tentador entrar por estas amplias puertas y otras como ellas con facilidad. ¡Están tan abiertas! No hay esfuerzo necesario, y se puede pasar fácilmente por ellas!

Esto me lleva a reflexionar sobre el versículo inicial de nuestra lectura del Evangelio, en el que Jesús dice: “No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen”. Uno puede considerar este versículo un consejo práctico. Creo que la mayoría de nosotros hemos encontrado otras personas que simplemente se niegan a aceptar cualquier cosa valiosa que podamos tener para ofrecer, y podemos perder el tiempo tratando de cambiar sus actitudes sobre situaciones específicas, y la mejor opción para nosotros es simplemente alejarnos.

Pero en estos tiempos marcados por muchas divisiones, parece tan fácil caracterizar como “perros” y “cerdos” a quienes tienen creencias diferentes de las nuestras, que no merecen lo que nosotros podemos ofrecer: compasión o misericordia o un oído atento.

Tal vez, al seguir la regla de oro, estamos realmente llamados a abstenernos de predeterminar si compartiremos o no el amor de Dios en Jesucristo con otros según nuestro juicio sobre ellos,

que es lo que los fariseos hicieron con los recaudadores de impuestos y las prostitutas. Al mismo tiempo, Jesús no nos está pidiendo que permanezcamos en situaciones abusivas o que intentemos obligar a otros a escuchar.

La “puerta estrecha” es amor y compasión y perdón, justicia y paz. Que siempre busquemos guía, ayuda y gracia para acercarnos e ingresar por la puerta “estrecha”.

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